martes, 13 de septiembre de 2011

Educación Popular

Hoy terminaba de charlar con Derlis acerca de la reserva de Itapúa (Itaipú, en guaraní), de tablas de multiplicar y de su llegada a Buenos Aires desde tierras paraguayas, cuando nos despedimos.
-          Vos dónde vivís?
-          Acá no más…bah, a pocas cuadras, de este lado..en “la 21”, allá en la villa, adentro.
-          Ah bueno, te mandás caminando…yo marcho en bici. Nos vemos el próximo martes, como siempre.
Nos despedimos y salimos del centro barrial. Terminaba la clase de hoy sobre las 21h. y Braian y yo acompañábamos a Diego a tomar el 37 (que viene desde Lanús), ya que “estos barrios son medio turbios” y conviene no quedarse solo, y menos de noche. Charlábamos, mientras pasaban varios colectivos que no se detenían por tener estropeada la máquina de las monedas, sobre sociedades aplastadas, políticamente atrasadas, como le sucedió a la Argentina tras tanta represión en la dictadura, a los pobres paraguayos tras 70 años de fascismo, a los españoles tras 40 años de oscuridad sustituidos por un rey que nadie entiende a este lado del charco, y continuaba la lista cuando nos despedimos, apenas llegó un bondi que se dignara a llevarlo. Despido a Braian también (le toca ir hasta estación Yrigoyen y morfarse un tren hasta Lomas de Zamora…tras todo el día en el centro: limpiando por las mañanas, de alumno por las tardes).

Agarro mi bici y enfilo hacia el norte, avenida Vélez Sarfield que terminará por convertirse en Entre Ríos y llevarme a la choza en la que paso las noches. Atravesando, a alta velocidad y entre autos y colectivos, este barrio tan terrible como otros, voy dándole a la cabeza y asimilando la tarde de hoy. Sigo dándole vueltas al eterno dilema de las aportaciones, los “granitos de arena”, de toda esa infinidad de tiempo (y vidas) necesarias para cambiar el mundo. De cuán útil me siento, arrojado en este puto caos. Consigo hacer dos cosas a la vez: mientras, adelanto colectivos y camiones (todos sospechosos de asesinos) por la diestra y por la siniestra, esperando que la lucecita que llevo detrás me haga visible y me proteja como si fuera esa virgen de la nosequé en la que yo acaso creyera. Cada semáforo que salto es indiferente y en mi cabeza siguen pensamientos bien desordenados, en los que se mezclan fracciones, piquetes, tablas de multiplicar, represión, demagogia, tiza y pizarra, misiles, migraciones, revoluciones, flaps, integrales de Riemann, cooperación, órbitas GEO, villas, falsas democracias, palas de aerogenerador, imperialismos y dulce de leche. Llego a mi barrio distraído, como Pedro por su casa, ya ni agarro el manillar para manejar y los autos son ahora los forasteros.

Me relajo y me siento a escribir.

Algo hay en la docencia que la hace el alimento más necesario de evolución del ser humano, de alimentación, y, sobre todo, de esa ansiada emancipación.

La educación popular surgió en estos lares como una de las muchas reacciones de la sociedad ante el engaño vivido en ese envenenado sueño de los 90, el neoliberalismo, que tantas víctimas se cobró y se sigue cobrando. Al igual que ahora venimos a testificar, la democracia se replantea, las decisiones se llevan a los barrios, a las asambleas, irrumpe el concepto de horizontalidad para los que, herederos de una política, jerarquizada, vertical, no conocimos otras alternativas. Las formas son dichas asambleas. Pero además existen fábricas tomadas, empresas autogestionadas, bachilleratos populares. Ahora es el obrero el que dirige y decide, el trabajador el que gestiona (los cargos son rotatorios y las decisiones consensuadas) y el alumno el que pide ser enseñado.

En un contexto en que fue privatizada incluso la educación (¡LA EDUCACIÓN!), la discriminación creció hasta límites desconocidos, surgieron el absentismo, el fracaso escolar, y la accesibilidad a una educación pública, laica y de calidad se mermaron por circuntancias no sólo económicas sino de logística y de disponibilidad para dedicarse a ella; en esos tiempos que siguieron al famoso Corralito, cuando la población que estaba pagando ese “sueño argentino” era precisamente la que no siempre salía a contar su historia; en esa convulsa reorganización de la sociedad mientras los culpables huían de diversas maneras, es que surgen los bachilleratos populares.

Los bachilleratos populares se plantean como una alternativa a los estudios formales (colegio privado o colegio estatal), en los que se parte de una discriminación por accesibilidad económica, social, geográfica…pero también responden a la gran cuestión de la utilidad de los estudios, y a mucos principios más.

Se establece un programa didáctico que se diseña a partir de los temas útiles y que son formativos. Se busca la aplicación real de dichas enseñanzas. Se imparte Matemáticas y Cooperativismo, Comunicación y Oficios, Biología e historia sociopolítica, formación en actualidad social y geografía. El claustro de profesores (siempre voluntarios) propone y discute con los alumnos en asamblea los contenidos a tratar durante el año o cada mes. Se escucha el interés y la necesidad de éstos, y se discute desde la experiencia docente.

Las clases son preferiblemente con dos o tres docentes. Frente a la recepción de una verdad absoluta y con peligros de dogmatismo, frente a la clase magistral, las enseñanzas se comparten y se discuten en clase, cada maestro aporta su punto de vista, sus técnicas, sus conocimientos, sus ejercicios, su refuerzo. Y, ante todo, el alumno tiene la palabra igualmente, aporta, responde, pregunta también. Se le pregunta al alumno “por qué” (gran aporte socrático), se hace pensar, y se pide que el alumno explique a los demás lo que ya entendió o incluso lo que está argumentando. Se discute en clase, y aunque impacte, se detiene la clase en los ejemplos y casos interesantes para llevarlos al plano de la realidad, de lo cotidiano, de la vida.

Son muchos los bachilleratos populares existentes en Buenos Aires y también existen en el resto del país. Se ha conseguido, tras mucha presión social, que la mayoría sean reconocidos por el estado como un título válido y oficial. Todavía quedan otros por reconocer.

Desde los 17 años hasta, incluso, los 70, asisten personas que por diversas razones no estudian o no estudiaron. Obviamente fueron muchas/os las/los que no tuvieron la oportunidad, por razones de sobra desconocidas. Actualmente, la pobreza, que obviamente afecta al rendimiento escolar, provoca un voluminoso abandono y fracaso escolar. Son muchas las personas que trabajan desde los 10 ó 14 años, en laburos donde pocos adultos maduros no se quejarían, además de estar ni siquiera en negro, sino en la calle (por ejemplo, recogiendo cartones de las calles toda la madrugada para luego venderlos, como si de una mina urbana se tratara). Otras dificultades imponen esta necesidad. Pero, también, es que se está repensando la educación y su utilidad, su aplicación final. Se da una formación social, sociopolítica incluso, pero siempre lejos de cualquier dogmatismo. Primer y gran paso en busca de liberar la mente, de la emancipación, de la desalienación. Se dictuten los problemas de la vida diaría, y todos aportamos a este gran debate, compartimos, todo suma.

Hace un tiempo que comencé a buscar para implicarme en esta iniciativa. Hoy me llamaban “profe”, pero nos sentábamos en la misma mesa, y hablábamos de igual a igual.

Comencé probándome a mí mismo en aquello que más enseñé recientemente: matemáticas. Pero claro, el primer paso era dejar a un lado las ecuaciones de dinámica de fluidos, el teorema de Gauss o las reglas de derivación… recién terminábamos con las fracciones (por este año) para introducir poco a poco el concepto de “equis” (y no sólo eso, sino también su justificación, su utilidad, su verdadera cotidianeidad)

Trabajábamos ejercicios de fracciones, y algunos que se dedican a vender de día multiplicaban a la velocidad de la luz, pero siempre cuesta ordenar el procedimiento de suma o restar fracciones con diferente denominador…o no?? Los ejemplos brillaban por la dificultad de encontrarlos cercanos y didácticos simultáneamente, pero aparecían. Me sentaba a resolver dudas con Martina y Martina (nieta y abuela, que vienen juntas a clase), con otros que se pasan la mañana o la noche trabajando de mozos de reparto o de cartoneros, respectivamente, con la que tiene 3 hijos y apenas podría alimentar a uno, con la de la tienda, o con las chicas que con 17 años están viendo cómo encarrilar su formación (no “a tiempo”, pues nunca es tarde). El trato es alegre y el ambiente relajado (admitiendo que a veces el ritmo no se mantiene) pero cualquier intervención, no sólo duda, es recibida, escuchada y tratada. Jorge, Graciela y yo alternamos las explicaciones, y nos repartimos para ir de uno en uno ayudando y asistiendo dudas y dificultades.

Hoy nos la pasamos, primero, amueblando la mente con juegos de geometría (unos fósforos y unas fichas bastaron para jugar). Después, planteando el concepto de ecuación y variable (x e y) y resolviendo algunas con ejemplos bien cercanos. Pero en el medio: proponiendo, nunca imponiendo, abrir la mente. El por qué es importante saber esto, la importancia de ejercitar la mente, evitando la calculadora, y de ahí discutiendo hacia la mecanicidad de la actividad laboral hoy en día, del papel de la máquina, y sobre cómo algunos empleos son sabrosos para el empleador por ser repetitivos, accesibles a cualquiera, leyes de oferta y demanda de empleo, competencia laboral, y atrofia de la mente (con claros ejemplos reales). En fin, difícil no irse por las ramas y conseguir estar atento a qué puede merecer más la pena tratar en clase.

El sábado nos juntamos en asamblea de profesores (abierta a alumnos) para formación, autoformación, o mejor dicho, formación mutua. El jueves pasado se juntaron a ver un documental sobre la represión de un piquete hace unos años y su juicio, seguido de un debate. Más y más son las actividades en la que se busca formar a más de uno.

Dan las 9PM. “Vamos a dejarlo acá”. (se acuerda el horario con docentes y estudiantes: “a muchos chicos se les complica entrar en la villa a partir de las 22, viste…”) Nos vamos quedando solos Jorge, el otro profe, y yo. “Avanzamos mucho hoy!”, me comenta, alegre y satisfecho. Nos hemos juntado a pensar durante 3 horas y nos sale humo de la cabeza a todos. Parece que estuvo bien, y que les gustó mi aporte. Me preguntan los profes de la otra clase, la de segundo curso “¿Y? ¿Cómo les fue?”, “Genial”, les respondo, también alegre.

Cansadas, las chicas y mujeres alumnas (mayoría frente a los alumnos varones) van dejando el aula, se despiden “chaugraciasprofe”. “Chao! Hasta la semana que viene”. Un flujo de personas se diluyen en la calle y avanzan hacia el oeste muchos. Dos cuadras más allá hay una frontera. 


No es ningún descubrimiento. Esas personas que viven en un mundo paralelo pero tan cercano, son de carne y hueso, nobles o mezquinos, trabajadores o vagos, cariñosos o ariscos. Todos ellos tienen corazón, cabeza, afectos, capacidades, y muchas sorpresas que desvelar. Mientras el muro físico, el social y el psicológico perduren, las villas existirán como fenómeno, como realidad ignorada y temporalmente ignorable, y sus consecuencias no se aparecerán como claras, mientras buscamos culpables en los individuos que sufren esta realidad.

Villa 21, “la 21”, en Barracas, es sólo un ínfimo ejemplo que en este caso los turbios barrios de Barracas y Nueva Pompeya aplastan contra el terrible Riachuelo.
Existe una película que salió hace un par de años que busca relatar esta realidad, con una historia, a las clases medias y altas, a veces voluntariamente ciegas. La película no es espectacular como cine o como guión, aunque es muy interesante para quien no conoce sobre este tema. Recomiendo mucho este VIDEO y algunos fotogramas.



Si alguien gusta de ampliar información sobre esta iniciativa, sobre esta realidad, puede seguir leyendo acá o bien otear estos links



Movilizacion de Bachis populares
http://www.anred.org/article.php3?id_article=4271

La realidad de la vivienda en Latinoamérica y la historia de Dario y Maxi, quedan para otro día. Cierro con un artículo de opinión que recién encontré http://www.surysur.net/?q=node/17387

1 comentario:

  1. Profesor Alejandro lo que empezó en Huaynacotas continuará durante muchos muchos años. Me encantó este artículo. :)

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