sábado, 12 de marzo de 2011

Hasta siempre Mial

Aquel fin de semana en Gualeguachú vino bien para salir de BsAs por primera vez, manejarse en Retiro, conocer la joda que se traen l@s argentin@s, pero no mucho más.
Madrugamos muchísimo, salgo a por el colectivo que me lleva a Retiro y las calles no estaban ni puestas, pero el barrio era seguro. Hacía muchísimo calor, eran las 5 y ni una pizca de luz todavía. Llego con tiempo para cotejar el percal en esta terrible estación de tren y ómnibus que parece que tiene su propia ley...y más aún en la entrada y las cercanías. Días después me contarían historias que  helaban la sangre acerca de la villa 31 que está camuflada detrás de esta estación. Con el tráfico son 4 horas de viaje hasta allí. Hemos venido en plan precario que te cagas, no recuerdo haber organizado un viaje tan poco. El sol parece que fue importado de la Hamada y no perdona, cae vertical y deambulamos hasta dar con el Corsódromo. Esto es el lugar donde se hace el desfile y que no puede faltar uno si un pueblito como Gualeguaychú o una ciudad como Río de Janeiro quieren tener su orgía pública y con nombre. Yo diría que es como agarrar las gradas de un estadio (aquí, una cancha) de fútbol y desarrollar en una recta el perímetro de dichas gradas. Enfrentadas, las mismas gradas simétricas, y ya tenés un kilómetro de recorrido con espectadores a ambos lados. Precario precario, compramos las entradas, el gabacho, que sería un lastre con peso creciente, está malito y se va por la pata d'abajo y eso nos condiciona el resto del viaje, no se harían una idea. De vuelta hacia la playa, íbamos buscando sitios donde dormir. Ah, que está todo colapsado...un pueblito que no tendrá ni 5000 habitantes con unos cuantos centenares de millares. Normal, qué ingenuos fuimos. El sol ya nos está matando y nos metemos en una puta hamburguesería de esas que te plantan el aire acondicinado en la boca y no puedes hablar durante la media hora siguiente.

Llega lo que llamaríamos la sobremesa y, no sé por qué, quizás por costumbre, busco periódicos del local. Agarro Clarín y miro la portada, de más a menos. Y la esquinita de la portada me sobresalta y me congela. Voy a la página. No está, alguien se la llevó. Agarro otro periódico, La Nación (vaya par...). No está en la portada. Busco entre sus páginas tamaño doble, a la antigua. Busco y busco. Lo encontré. No me lo estoy creyendo...


Por momentos muero de pena. Toda una leyenda musa. Algo se evapora y se siente incluso desde este pueblito. Así conocí la noticia. Lo que vino después fue silencio.

Irónico encontrarme esta noticia a mi llegada justo a la Argentina. Alberto Granado, Mi Alberto, Mial como lo llamara Ernesto. Hasta luego Mial, como le despidiera Ernesto. Hasta siempre Mial, yo te digo.

2 comentarios:

  1. Me encanta tu post... no habría encontrado mejores palabras. Habrá que continuar el legado que dejaron ese par! Piénsalo, cómo habrá sido el reencuentro entre Granado y Fuser en el paraíso revolucionario??? :D podría salir un bonito cuento de ahí no crees?

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