miércoles, 11 de julio de 2012

Safía

Bien, princesa saharauia...hacía un largo y accidentado tiempo que no nos veíamos, ¿verdad? Y yo acá, de nuevo, escribiendo con el corazón. Como si nada hubiera cambiado, pero no... Además: tú has crecido una barbaridad.

Cuando te conocí, apenas hablabas hassanía, y eras un moquito lindísimo que se abalanzaba sobre nosotros al despertar. Vestías ropita cómoda y monótona que te ponía Alia.
Recuerdo que nos entendimos muy bien desde el primer día, hasta hoy.
Tú no parabas de sonreír, corrías hacia nosotros cuando te llamábamos y nos placabas en las rodillas con un abrazo de mico, seguías sonriendo, nos contagiabas tu mágica sonrisa, y nosotros a ti. Eras dócil y versátil: te cogíamos de la mano y te llevábamos con nosotros a cualquier lugar de la daira. Tú olvidabas las sandalias, nosotros también. Hamdi venía preocupado a avisarte, y Alia te regañaba, consciente de tu categoría de casi-mascota. No eras nada llorona y siempre nos mirabas atónita; después, sonreías, otra vez.
En contraste con tu piel curtida y tus mejillas moteadas, los ojos te brillaban como al resto de tu pueblo, entonces los atónitos éramos nosotros.
Y así, pasaste a formar parte de mis primeras fotos, y de la mejor de ellas. 


Cierto día de tranquilidad, en tu casa, ponele que me estaban torturando con la henna y su ritual femenino, te me acercaste a jugar, siempre curiosa por este nasarani. Y nos dimos la manito.


También fuiste atractora de fotos...


Pasaron los años, y seguí acudiendo. El segundo, te reencontré cuando tu padre retiró una manta del suelo: allá estaban ustedes 4, ordenaditos de mayor a menor, dormidos en el séptimo sueño, ajenos a que eran las 5 de la mañana, acabábamos de llegar y el cielo más estrellado que recuerdo levitaba sobre nuestros techos. Se levantaron y (los que sabían caminar) nos saludaron con esas legañas y los párpados pegados...




Entonces, sin darnos casi cuenta, comenzamos a convivir, a pasar el día a día juntos, a compartir amaneceres, días enteros, atardeceres mágicos y noches azules de brisa cálida. Pasamos a ser uno de ustedes, y esto que consiguen es lo más admirable que uno descubre allá.














Otro año, y pasaste del cole de peques al colegio para mayores. Y entonces pudimos ir todos juntos.


Y seguimos regresando a la casa. Cual Principitos, volvimos a soñar que éramos niños como tú.








La última vez que nos vimos... fue la última vez que nos vimos todos. Recuerdo un bulbo de decenas de personas, arrejuntadas a la puerta de aquella casa: mujeres, hombres, ancianos y muchos, muchos niños revoloteando. Todos alzaron la mano durante interminables segundos. La Luna los iluminaba bien clarito. Gritaron unísonos y dispares "adioses", de gran diversidad de timbres y tonos. Eran dos familias unidas en una en ese instante. Yo no dudé: saqué casi todo mi cuerpo por la ventanilla de aquel jeep. Alcé la mano, la sacudí al aire y les regalé mi última sonrisa, tan fuerte como pude. El jeep arrancó con cierta brusquedad. La inercia balanceó mi cuerpo hacia atrás...cuando quedaron escondidos por otras jaimas y los perdimos de vista, seguimos escuchando aquellos vítores y adioses y alegres gritos, que escondían tristeza. Los seguimos escuchando largo rato. Cuando nos alejamos más aún, lo de siempre: silencio en el coche.
Desde entonces, he recordado esa despedida y vuestras voces de aquel día resuenan perfectamente en mis oídos. Hasta hoy.

Y resulta que ahora nos visitas. Entras en el afortunado club de "los mejores embajadores de la causa saharaui". Y vas y apareces en Valladolid, tan mayor. Seguimos entendiéndonos igual de bien que siempre, no es fácil de explicar. Sólo que, ahora, tengo que enseñarte castellano; tú sigues siendo mi profe de los números en hassanía, y hoy ya de mucho más vocabulario!

Tu sonrisa trae vida a la Meseta, tu dulzura quita amargura a las añoranzas. 


También me toca, niña del desierto, enseñarte a nadar. Hacer fotos, ya sabes.





Aquel día, no pasó ningún avión atravesando el cielo de la Meseta.


Pasó mucho agua bajo los puentes. Fue lindo comprobar que algunas cosas no cambiaron.




1 comentario: