Bien, princesa saharauia...hacía un largo y accidentado tiempo que no nos veíamos, ¿verdad? Y yo acá, de nuevo, escribiendo con el corazón. Como si nada hubiera cambiado, pero no... Además: tú has crecido una barbaridad.
Cuando te conocí, apenas hablabas hassanía, y eras un moquito lindísimo que se abalanzaba sobre nosotros al despertar. Vestías ropita cómoda y monótona que te ponía Alia.
Recuerdo que nos entendimos muy bien desde el primer día, hasta hoy.
Tú no parabas de sonreír, corrías hacia nosotros cuando te llamábamos y nos placabas en las rodillas con un abrazo de mico, seguías sonriendo, nos contagiabas tu mágica sonrisa, y nosotros a ti. Eras dócil y versátil: te cogíamos de la mano y te llevábamos con nosotros a cualquier lugar de la daira. Tú olvidabas las sandalias, nosotros también. Hamdi venía preocupado a avisarte, y Alia te regañaba, consciente de tu categoría de casi-mascota. No eras nada llorona y siempre nos mirabas atónita; después, sonreías, otra vez.
En contraste con tu piel curtida y tus mejillas moteadas, los ojos te brillaban como al resto de tu pueblo, entonces los atónitos éramos nosotros.
Y así, pasaste a formar parte de mis primeras fotos, y de la mejor de ellas.
Cierto día de tranquilidad, en tu casa, ponele que me estaban torturando con la henna y su ritual femenino, te me acercaste a jugar, siempre curiosa por este nasarani. Y nos dimos la manito.
También fuiste atractora de fotos...
Pasaron los años, y seguí acudiendo. El segundo, te reencontré cuando tu padre retiró una manta del suelo: allá estaban ustedes 4, ordenaditos de mayor a menor, dormidos en el séptimo sueño, ajenos a que eran las 5 de la mañana, acabábamos de llegar y el cielo más estrellado que recuerdo levitaba sobre nuestros techos. Se levantaron y (los que sabían caminar) nos saludaron con esas legañas y los párpados pegados...
Entonces, sin darnos casi cuenta, comenzamos a convivir, a pasar el día a día juntos, a compartir amaneceres, días enteros, atardeceres mágicos y noches azules de brisa cálida. Pasamos a ser uno de ustedes, y esto que consiguen es lo más admirable que uno descubre allá.
Otro año, y pasaste del cole de peques al colegio para mayores. Y entonces pudimos ir todos juntos.
Y seguimos regresando a la casa. Cual Principitos, volvimos a soñar que éramos niños como tú.
La última vez que nos vimos... fue la última vez que nos vimos todos. Recuerdo un bulbo de decenas de personas, arrejuntadas a la puerta de aquella casa: mujeres, hombres, ancianos y muchos, muchos niños revoloteando. Todos alzaron la mano durante interminables segundos. La Luna los iluminaba bien clarito. Gritaron unísonos y dispares "adioses", de gran diversidad de timbres y tonos. Eran dos familias unidas en una en ese instante. Yo no dudé: saqué casi todo mi cuerpo por la ventanilla de aquel jeep. Alcé la mano, la sacudí al aire y les regalé mi última sonrisa, tan fuerte como pude. El jeep arrancó con cierta brusquedad. La inercia balanceó mi cuerpo hacia atrás...cuando quedaron escondidos por otras jaimas y los perdimos de vista, seguimos escuchando aquellos vítores y adioses y alegres gritos, que escondían tristeza. Los seguimos escuchando largo rato. Cuando nos alejamos más aún, lo de siempre: silencio en el coche.
Desde entonces, he recordado esa despedida y vuestras voces de aquel día resuenan perfectamente en mis oídos. Hasta hoy.
Y resulta que ahora nos visitas. Entras en el afortunado club de "los mejores embajadores de la causa saharaui". Y vas y apareces en Valladolid, tan mayor. Seguimos entendiéndonos igual de bien que siempre, no es fácil de explicar. Sólo que, ahora, tengo que enseñarte castellano; tú sigues siendo mi profe de los números en hassanía, y hoy ya de mucho más vocabulario!
Tu sonrisa trae vida a la Meseta, tu dulzura quita amargura a las añoranzas.
También me toca, niña del desierto, enseñarte a nadar. Hacer fotos, ya sabes.
Aquel día, no pasó ningún avión atravesando el cielo de la Meseta.
Pasó mucho agua bajo los puentes. Fue lindo comprobar que algunas cosas no cambiaron.









me encanto!
ResponderEliminar