Hoy la calle Salta se llama Miguel Servet. No sé quién es el tal Miguel, habré de investigar. Las escuelas Pías, la UNED, la Casa Encendida... quedan bien cerca, así que no hay excusa. No obstante lo cual, la DGT me motivó a hacer una pequeña investigación preliminar.
Parece que comienza una nueva época. Visto que el paso del tiempo es inevitable, Peter Pan deberá considerarlo un hecho positivo.
Lavapiés baja las persianas de acero, la calle tiembla. Es verano, de esos ricos, pero hoy sopla viento fresco, los árboles arrojan por la ventana hojitas al piso, parecen cucarachas en la oscuridad. Solía tener una muestra latinoamericana paseándose las veinticuatro horas bajo el balcón de la calle Salta. Ese gran observatorio del continente y del mundo que es Buenos Aires. Y no por ello puede uno contentarse y no salir a conocer y sumergirse.
Ahora no suena el colectivo a todo gas despertándome ocho veces por noche, ni chamulleros deambulantes, ni siquiera puede observarse a esa mujer venida del norte argentino, del altiplano o de cualquier parte del conurbano, que cada noche recorría la calle con su hijita buscando algo útil entre la basura; tampoco los cartoneros, quienes, sentados sobre la cubierta de su altísimo camión repleto de celulosa, casi alcanzaban el nivel del primer piso. Y esperemos que tampoco se oigan disparos en la noche.
Abajo suena mucha vida, terrazas en auge que luego recogen. Todos los acentos del catellano, los dialectos del árabe, pular, indio, swajili, y un largo y desconocido etcétera. Y los olores, siempre. Conviene reconsiderar Madrid como otro gran observatorio. Tampoco olvidemos que, para muchos, en los Pirineos termina Europa y comienza África.
¿Qué día es hoy? Es lunes. Por suerte, el laburo llamó a la puerta (en estos tiempos). Yo siempre recordaré Los lunes al sol.
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