lunes, 21 de marzo de 2011

Más San Telmo

Y bueno la semana sigue repleta de agujetas y en vida buho. Siempre alguna mañana se echa saliendo a comprar algo que te va faltando, los gastos son mayores ahora pero no por mucho tiempo. Hay que ahorrar pues demasiados planes futuros me van abriendo el apetito. Decido salir a clase algo antes para no-atajar por San Telmo a medio día y así llegar a clase a tiempo. Llegaré tarde fijo, pero el profesor llegará algo más tarde que yo, así que "no hay drama, chavón". Y sí, recorro Chile y la frontera norte de San Telmo hasta cruzarme con Defensa y encontrarme con una pequeña Ítaca para mí. (pienso en las tiras regaladas y devoradas durante infancia, adolescencia y juvenud, o como se quiera llamar, y en las inéditas recibidas para paliar los efectos hospitalarios).


Resulta que unos portales más allá de este banquito, en el 371 de Chile, vive Mafalda, por lo que imagino que sus papás le habrán dejado salir a jugar con sus amiguitos, visto el maravilloso día de verano que hace. Total, son los años 60 y en Buenos Aires se puede respirar seguridad en este barrio de, digamos, clase media. Ahora está esperándolos sentada, calculo que reflexionando sobre otro argumento contestatario como tantos otros. En breve vendrá Felipe y se irán a comprar unos dulces al almacén de don Manolo, donde recogerán a Manolito e irán al parque a jugar a los indios y vaqueros, propuesta eterna de Miguelito y vía de escape para la constante "fiaca" de Felipito. En la esquina de la siguiente cuadra se cruzarán con Susanita, que lleva en brazos un muñeco bebé en un intento de entrenarse para algún día ser mamá de muchos hijitos que, por supuesto, se los proporcionará un ejecutivo con canas. Mafalda les hará algún chiste de los desastres jardineros de su papá y suspirará por la espera del último fascículo de su familia, el sublime y mi preferido Guille, que revolucionará San Telmo y las tiras de los diarios con costumbres tan variopintas como peinarse con las cortinas para evitar pincharse las ideas con un peine, o esperar a que llegue su mamá a casa para llorar por haberse pegado un trastazo intentando alcanzar un prohibido vaso de cristal sobre la mesa alta.
Mafalda sonríe porque parece ser que es la mejor manera de que le inmortalicen a uno, aunque no siempre la vida resulta ser sonriente para una persona que reacciona ante las injusticias y da vueltas a su cabeza para encontrar una solución a los problemas - o locuras- de esta nada cuerda humanidad. Porque para sonreír, a ella y a mí siempre nos quedarán los Beatles...

 Un portal cualquiera
(viste, Ion, qué importante es mi "legado" :P )

Esa misma noche regreso a la casa, donde los franceses han preparado unos crepes y chocolate fundido. Devoro un par incluso añadiéndole al percal dulce de leche y pienso que después voy a explotar, pero no, y después ceno jaja. Salimos todos juntos para San Telmo donde nuestros compañeros de casa y mis anteriormente conocidos del subte tocan esta noche. Casualidad de las casualidades, enfrente del banquito de Mafalda. Pasamos la velada hasta las 2 con el bar Gitano's para nosotros y estos dos tipos que prometen tocándonos clásicos setenteros, sobre todo Beatles, y también, Beach Boys, Rolling Stones, Pink Floyd, etc. Agradabilísima velada, digo, entre cervezas y risas y conociendo a gente argentina muy pero que muy interesante. Cerramos con una merienda nocturna de pizzas y regresamos juntos al barrio de al lado, nuestro hogar, al otro lado de las 9 de julio. Por supuesto, al llegar a casa nos extendemos hasta más entrada la madrugada entre guitarras y conversaciones sobre la argentina y el mal llamado viejo continente (Europa, no el actual Carrefour).

Y parece que este barrio tiene un imán. Dos días después acabo allí de vuelta. Resulta que St. Patrick se celebra mucho en BsAs, y propongo salir a festejar a mi grupo de guiris de la uni. Me arrepentiría de ello toda la noche. Lo de siempre, buena onda, blablabla, pero a un catetismo acérrimo y no decreciente ni autocorregido se le suma que la zona de oro para celebrar San Patricio está colapsada y cobran por entrar...a un Irish pub!!!!! 50 pesitos nada menos, a veces 80. "Que se vayan al pedo". Tras 2 horas deambulando (y yo maldiciéndome a mí mismo) y no entrar en ningún lado más que en un puto McDonald's (me arrepentiré de publicar esto...) les da por ir a un jodido boliche en Santa Fe, una de las calles principales de Palermo. Dale, a viajar. Otro reducto europeo que parece embelesar a mis guiris (sí, ya se han quedado con este nombre...). De camino me cuentan unos cuantos que ya les han robado en las 3 semanas que llevamos aquí. Juro que los escucho y mientras trato de comentar de forma constructiva la mala jugada que les hicieron, pienso para mis adentro..."NORMAL que te hayan robado, pelotudo...". La explicación es que sus formas de cuidarse, evitar y prevenir conflictos en la calle, no son muy ávidas, no sé si se me entiende. Vamos, que parece que llevan un cartel en la frente con "pídeme lo que quieras que te lo doy" ("total, me sobra..."). Qué malo que soy, jeje. No, no todo es así. Nos divertimos un rato en el boliche y se hace tarde así que hago una bomba de humo del carajo (me escapo, para que me entiendan las abuelas) pero de camino a tomar el colectivo a Santa Fe (mamá, hay colectivos 24 horas, non ti preocupare) me llama el compi de piso que está por San Telmo, que además de querer que me una a ellos en un Irish pub copado (=guay, bueno, guapo), quiere verme porque no tiene llaves el muy desastre. Así que cambio de pub y ahí acabo, en un bar mucho más agradable y tranquilo que el que había en Microcentro, volviendo a conocer a muchísima gente, reencontrándome con otras personas ya conocidas y descubriendo que en mi casa viven más personas de las que pensaba. Otra vez se nos va la hora de las manos.

Y el último episodio San Telmo de la semana fue hoy domingo. Un sencillo y espontáneo paseo por el distrito con Sonia mi compañera de piso y su amiga, ambas italianas. El chavón misionero (de Misiones) de mi casa, con el que quedamos nos deja tirados, parece que eso es frecuente en él, así que a nuestra bola nos recorremos el barrio, que tiene "otra onda" lo domingo. Plaza Dorrego llena de gente en una milonga, bailando tango, cuerpos anónimos, amateurs o profesionales que atraen a curiosos como nosotros (ojalá algún día podemos meternos allí) y muchísimos cafés, restaurantes y pubs con terrazas desplegadas por las calles en esta tarde/noche agradabilísima de un verano que pronto perecerá por unos meses. Oímos percusión al otro lado de la plaza, en Defensa, y vamos a ver. Vale, parece que sin quererlo nos hemos sumado a una agrupación de percusión que parecen una marcha. Nos ponemos detrás y a nuestro alrededor mucha gente bailando. Avanzamos por el barrio varias cuadras y nos percatamos de la espontaneidad de estos actos. Nos cruzamos con otras dos marchas de bandas de percusión análogas, y el efecto de que ambas bandas, de unos 15 componentes cada una, se crucen, es curiosísimo, tienen que esquivarse físicamente a lo ancho de una misma calle o un mismo cruce, pero sus sonidos se mezclan y cada uno sigue con su ritmo. Hemos llegado al límite de este barrio sin darnos cuenta!




Y bueno, nos toca regresar a la plaza porque nos queda algo de apetito de tango. De vuelta uno se encuentra muchísimos carteles y mensajes políticos y sociales. Cualquier muro es un canal de comunicación. Pero de los más originales son estas losas en el borde de una acera, frente a una casa que no sabemos qué relación tiene con las víctimas.






 Hechos que siguen sorprendiendo, a mí más entre las italianas, por provenir de un estado en que la denuncia por los desaparecidos está tan mal vista. Claro retraso, vergüenza ajena. Aquí un país en el que acaban de procesar a Videla y se está investigando sobre el pasado propio, lavando los platos sucios en casa propia, pero lavándolos. Nada que ver con la civilizadísima España. No hacen falta más ejemplo, porque cualquiera de ellos tienen mucho que enseñar a la gestión ibérica.

Así que la noche estaba increíble, con esta luna casi llena y supuestamente enorme. Tampoco es para tanto che. La excentricidad de la órbita selenita es muy reducida y por tanto la diferencia entre el perigeo y apogeo de la Luna no supera los 50.000 km. ¿Que da la casualidad de que además de estar en su perigeo, hace 20 años que no estaba llena, simultáneamente? Bueno, más especial es que está iluminándonos a nosotros en nuestros andares por Buenos Aires. Aquí un ejemplo.


Así que les dejo con una imágenes un tanto guiris pero que las saqué por ustedes para que imaginaran mejor el fenómeno del tango en la calle. Su encanto tiene, claro que sí. Pero tienen que verlo y escucharlo con sus propios sentidos.





Ah, y una underground story #12 para los fenómenos que me soporten hasta el final del post.
Resulta que en el Microcentro, digamos la zona de bancos, oficinas, etc., y transversalmente a Avda. Corrientes, se encuentran dos calles a paralelas y las separa una sola cuadra, y que distan no muchas cuadras más del río y de Puerto Madero. Son las calles Defensa y Reconquista. La primera está hacia el oeste, y la segunda hacia el río. En no sé qué momento del siglo XIX (lo argentinos no lo saben tampoco, así que no me acompleja  no haberlo descubierto...es muy tarde por hoy) los ingleses ya tenían la adicción de invadir Argentina. Estuvieron aquí, en el que fue el Puerto del Buen Aire. La población autóctona tuvo su línea de defensa en esta calle homóloga. Los ingleses llegaron hasta la calle Reconquista. La zona de cruce de fuegos, se imaginan, no era ni de una cuadra de extensión. Una vez solucionado el percal y con los British GONE HOME (nunca del todo), los argentinos reconquistaron esta zona, que hoy en día tiene esta calle, de nombre también homólogo. Son tremendos, estos tipos.

2 comentarios:

  1. B-R-A-V-O cada día escribes mejor, me encanta lo que cuentas. Envidia de foto con Mafalda, San Telmo debe ser una pasada...

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  2. Ese reportero por tierras extrañas que se atreve a llamar guirís a sus compañeros xD

    Me alegro de que día a día surjan cosas nuevas en tu vida. Algunos seguimos la misma rutina de siempre... qué aburrimiento.

    A los libros de Mafalda no les puedes llamar legado, pues no tengo la menor intención de quedármelos cuando vuelvas. Son demasiado preciosos y por ello me comprometí a cuidarlos, pero a tu regreso te serán devueltos tal como los despediste.

    Un saludo y cuídate o cuidate, como mejor veas.

    Te seguiremos leyendo :)

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