Una reunión de amigos en casa de una chica de la uni que nos invitó, y que degeneró en una sesión de electrónica a tope en la azotea, un lugar espectacular en un 10º piso en medio de Palermo. Hacia el río, no había edificio más alto que el nuestro, y la vista nocturna era memorable: el resto de Palermo, los astilleros, las calles medio iluminadas y in cielo clarísimo porque el fortísimo viento se llevaba a las nubes y casi a nosotros. El tiempo ha cambiado de golpe y el verano parece que nos despidió del todo...fue bonito mientras duró, pero sofocante. No me quiero imaginar diciembre y enero.
El caso es que a los vecinos no les hacía disfrutar de la misma manera tanto musicote en mitad de la madrugada, y alguien decidió cortarle la luz toda la noche a una casa de 5 pisos entera para remediarlo. Así que nos fuimos al pedo, como dicen aquí, y deambulamos indecisos por un poco sorprendente Palermo Holywood nocturno, boliches y bares caros que no me cuentan nada nuevo. Como todos los grupos grandes, terminamos divididos y un grupo de pibes acabamos en otra zona de bares pegada a la del jueves pasado pero en una discoteca de rock, funky, "ochentoso" que lo llaman aca, etc. Recuerdo al etílico del gabacho cómo le bailaban el corro de la patata 5 minas en mitad de la pista de baile, mientras él, con sus 2 metros, en el centro del corro, no podía ni abrir los ojos y se esforzaba por aparentar que bailaba. Siento no haberlo grabado... Por ahora me lo estoy pasando mejor con varones argentinos que con cualquier otra clase de especie.
El caso es que llega el amanecer y con el nuevo día me avisan de mi antigua ubicación: - Gallego, vení a hacernos una tortilla española! - Daaale (por qué habré hecho aquella primera, que encima me quedó bien...?) Llego a casa de Marcelo y está toda la panda del moco, madre mía! La que me han liado. OK, vamos a comprar papas, huevos, cebollas, aceite, cervezas...Uno de los individuos para los que voy a cocinar comienza a joder (=bromear) a la china del mercado, que entiende cero castellano español y menos esta jerga de barrio profundo porteño. - "Viste, bocha, mi amigo es experto gallego en papas y va a cocinar la mejor tortilla del país. Miralo cómo agarra las mejores papas, él sabe muuucho." La tipa no sabe si la va a degollar al toque o si le va a poner una pipa en la cabeza. Este hijo de puta impone mucho hasta que te haces amigos suyo. Le saco una cabeza, 15 kilos y 3 años. Él ha sido padre hace dos días y mejor no hablar más de su pasado. Pero su voz agresiva acojona a cualquiera. - "¿Me das un chicle chinita? ¿Cóoomo que no, bocha? Viste que los peronistas somos hermanos, tenemos que ayudarnos - se golpea el pecho con el puño mientras asiente con agresividad - Tenemos que compartir, somos los amigos del pueblo, viste". Yo no sé si llorar o reír. Lo que es seguro es que con este pibe no nos atracan por el barrio. Así que yo puedo ir arrastrándome de la risa por cómo este tipo jode a todo el que se cruza y dice barbaridades. Del resto del grupo tampoco son muy normales, Marcelo es el más convencional, el menos pieza, pero parecemos una panda de delincuentes...lleguemos pronto a casa, andá.
Quieren muuucha tortilla porque se mueren de hambre y quieren que cocine como si el tsunami hubiera llegado acá. Dos tortillas de 6 y 8 huevos y los tumbo, se llenan agradecidos y sobra para que Marcelo se alimente de ellas únicamente durante 3 días. Bieeen. Sólo tardé hora y media. Me sigo partiendo de risa mientras escucho, me empapo y memorizo historias sórdidas y reales, y nos da el final de la noche.
Al día siguiente facturitas riiicas del barrio, consulto un gimnasio de taekwondo que me dio mucha mejor impresión de la esperada y regreso a casa para salir pitando a la escuela tras charlar por fin con algún inquilino de mi casa de los que estaban desaparecidos. De camino paso como casi siempre por plaza de mayo, y por segunda vez en mi estancia me encuentro con decenas y decenas de coches policía con las sirenas puestas, esta vez parados (deben de ser cuarenta sin exagerar) delante de la puerta lateral de la Casa Rosada (la puerta que usan lo políticos de presidencia del actual gobierno para ir a "laburar"). Parece que Cristina está por salir a pasear de nuevo. Salgo al paso entre policías, coches, soportales y muchísimas obras de las calles y llego justito a la hora a la universidad.
Fachada principal del ITBA
Luna Park: Madison Square Garden particular de los porteños (tal y como ellos mismos lo describen)
Entrada al ITBA
Vestíbulo principal del ITBA
Pasillos y cantina.
Dos clases de 3 horas con comida en medio, voy a tener que ganar resistencia. A las 9 ya se me cierran los ojos, pero he quedado a esta hora para ir a entrenar y me acaban de prestar unos botines (=botas de tacos) así que...que no decaiga!! Me encuentro con tres compañeros de mi nuevo equipo de la universidad y tiramos en auto hacia la esquinita noroeste de la capital federal, dejando atrás un espectáculo consistente en los omnipresentes rascacielos, luces del muelle y de los diques, de los barcos también, restaurantes... Pasamos por la zona de grúas del puerto, millares de contenedores, y autovía todo recto, dejando Aeroparque a la derecha y justo al llegar el estadio del River Plate a la izquierda. Territorio comanche.
Nos esperan Rolando el jefe, Javier el míster y Mauro el técnico. Sucesivas charlas mientras nos cambiamos a la intemperie (antes cometía la torpeza de no llevarme las cosas para ducharme a los primero entrenamientos...ahora sería ingenuo pensar que voy a darme una maravillosa ducha apenas termine de entrenar) y los botines prestados entran a la perfección. Esto promete. Algo de calentamiento y ejercicio físico, y todo bien, la ingle no da ningún problema así que tira p'alante suave. La gente está comenzando el curso y década y media sufriendo el fondo exigido en Pucela y Madrid me ayudan a tener fuelle de sobra. Hay buena gente en el equipo, muchos de ellos de primeros cursos de carrera. Casi lo mejor es que estamos sobre la prolongación de la pista de aterrizaje del Aeroparque, que está a menos de un kilómetro, y cada 5 minutos un avión vuela sobre nuestras cabezas cerquísima, a no más de 200 metros, y yo hago un esfuerzo por concentrarme en lo mío en vez de mirar al cielo. Pero toda una suerte; estoy en esos campos de fútbol que vi justo antes de aterrizar en BsAs. El míster nos da una charla que me gusta. Por lo que dice tiene mucha experiencia, años de experiencia en 4ª división en la Patagonia, y ahora en la capi otros añitos en varios clubes de la ciudad. Habla mucho del espíritu de equipo, del deporte de grupo, del compromiso, y de las ganas que tiene de entrenarnos. Muy agradable y desprende ánimos. Además, la meta más cercana, mi reto, el próximo campeonato de pretemporada: un equipo titular de entre los que estamos se irá al torneo de Colonia en Uruguay por un fin de semana. A ver qué pasa, me muero de ganas.
Por fin tocamos balón y jugamos por media hora en la que consigo demostrar sen buen lateral y "que no pase nadie". Este es un buen lugar para mejorar y perfeccionar el fútbol de uno, y además juegan con ciertas diferencias tácticas, así que mucho es lo que puede aportar. La triste verdad es que ser del Barça y / o gallego abre puertas. Por más de 10 veces en la tarde sostuve la misma conversación, en este orden estricto de preguntas:
- ¿Vos sos del Barcelona?
- Eh...sí.
- Así que vives en Barcelona, ¿qué onda?
- No, vivo en Madrid...
- NO! ¿Y cómo haces? No debe de haber muchos en Madrid...
- Sí, bueno, nos persiguen de vez en cuando, pero no somos tan pocos.
- Por cierto, enhorabuena por el mundial, ¡qué bárbaro! Y el Barça...¡tremendo!
- Gracias, gracias.
- Y, ¿cómo te llamás, gallego?
- Álex
- ¿Y de qué jugás?
Bueno, algo así. Caigo en la cuenta de que hace como 5 años que no entrenaba al fútbol en un entrenamiento de equipo serio. Recuerdo los lluviosos y gélidos entrenamientos de mediodía siendo chico en San Agustín, los partidos a menos cinco grados por la provincia de Valladolid a primera hora de la mañana los sábados siempre; los nuevos equipos, Arroyo y los entrenamientos nocturnos a pocos metros del río Pisuerga con niebla congelada; Aeronáuticos y los partidos nevados o soleados en Begoña junto a las 4 torres que ahora coronan Madrid...y todos los sacrificios y anécdotas de unos añitos ya jugando. Situaciones que te hacen fuerte y que se te escape una silenciosa risita cuando los de al lado expresan su miedo por el invierno que se va acercando.
Pienso en eso y mucho más mientras salimos de este campo que, por cierto, pertenece a la Armada parece, así que tenemos seguridad pública durante el entrenamiento; dejamos a la derecha el estadio rojiblanco y recorremos una autopista que tiene a ambos lados unas barriadas de construcción superpecarias pero que ya alcanzan el 3er y 4º piso. De los 5 que estamos en el auto, dos hacen comentarios acerca de los putos indios, mirando al frente. Me fijo que por lo menos existe alumbrado público, muy tenue, y mi imaginación hace el resto entre esa oscuridad. Nos han dado las 12 de la noche entrenando. Me dejan en la puerta de casa en coche, me comentan que esta zona es de "travos" (=travelos; primera noticia!) y que siempre lleve 20 pesos encima, por si las moscas. Me despido y me encuentro en casa una reunión de casi todos los de la casa, que están terminando de cenar. ¡Por fin! Muy buena onda de chicos y chicas, anuncian otro cumpleaños en dos semanas, me junto a Luciano para ir a milongas con clases previas de Tango y quedamos para mañana noche porque nuestros Beatles caseros, aquellos que conocí antes de venir a vivir aquí en el subte, tocarán en San Telmo a dos metros de cierta escultura.

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