El mundo real ahí fuera me jala bien fuerte, insistente, "no me olvides", dice con tono monótono pero también agonizante. Llama al monstruo que sabe que está acá dentro, quien, a su vez, empuja sereno, perseverante, porque sabe muy bien que terminará por salir.
Fuimos con Kaziza. Primero vino él, para contar su testimonio. Después, vinieron más amenazas, algunas se quedaron allá, con el ocupante, y éste las cumplió, vaya que si las cumplió. Lo siguiente fue que Kaziza quiso mostrar al mundo las atrocidades que, como él, otros habían sufrido y siguen sufriendo. A la eterna pregunta amarillista, él siempre responde lo mismo:
Cuando veas las verdaderas torturas que hay en las cárceles marroquíes, entenderás de dónde saco la fuerza.
Y aunque no viví lo que tú viviste, puedes estar seguro de que te entiendo. Algunos no me creerán, y es que no han tenido la oportunidad de mirarte a los ojos y ver lo que hay en ellos. Cada pupila que encontré en vuestras gentes, expresa lo mismo. Es difícil de explicar cómo las miradas apaciguan las dudas. Disipan, sí, disipan toda duda de que venceréis, venceremos. Aunque sólo quede un saharaui vivo, venceremos.
Kaziza y otros compañeros con quienes pernocto allá por la calle Serrano de Madrid, vieron ese nuevo amanecer del pueblo saharaui que fue el campamento de Gdeym Izik. Consiguieron el micrófono para hablar al mundo, y aunque puede parecer que la brutalidad del ocupante aquel día los derrotó, yo sé que quienes os odian cada vez sienten más miedo, cada vez menos pueden hacer, cada vez están más atrapados, y la tormenta perfecta se acerca. Habremos de estar atentos.
Mientras tanto, Kaziza se debilita físicamente, pero pasamos largo rato hablando, hasta bien entrada la noche. En esta acera de la calle burguesa, se habla hassanía con cierta lacra del árabe magrebí; cucarachas prosaharauis vienen a saludar amistosamente a medianoche, manifiestan su apoyo; y yo no dejo de bromearles: ustedes son medio boludos, a quién se le ocurre ir a nacer en una tierra rica en pesca, fosfatos, arena, fósiles, gas, petróleo, uranio, oro, etc.
Para seguir la huelga de hambre de Kaziza Lafkir, lo mejor es utilizar este blog, que también hace un seguimiento de los medios de comunicación. Ahí estaremos, al pie del cañón, para lo que haga falta.
Y en mitad de la wilaya allá organizada, té, tabaco y té, encuentro un libro de poesía, impreso para el X aniversario de la RASD, hace ya un tiempito, y me decido a compartir palabras mágicas para que las noches de verano nos transporten por momentos a la badía.
CANCIÓN DEL SOLDADO
SAHARAUI
Si está lejos mi casa
donde resbala el mar
y cerca la nostalgia
de mi barrio cordial;
si ya tengo el patio
que me vio reposar
y son noche y desierto
los muros de mi hogar;
si ni abrazo a mi hermano
ni lo pude enterrar
allí donde mis padres
se echaron a soñar;
si es muy pobre mi mesa
y es mi cama el azar
y no sé si a mis hijos
los veré nunca más,
no por mí entristezcas
ni nubles tu mirar:
soy soldado del Sáhara
y mi patria está acá.
Me negaron los buitres
hasta el pan y la sal.
Pero tengo estas manos
que saben disparar.
Y un disparo es un beso
si lo que está detrás
son un techo y un libro
y un jardín donde amar.
No pienses, extranjero,
que te pueda envidiar
porque habites un mundo
confortable y en paz.
Cuando vuelvas los ojos
a este mapa, verás
que la tierra ya es mía
porque supe luchar.
Y acaso me recuerdes
comprendiendo, quizá,
con qué orgullo contemplan
las estrellas el mar.
Carlos Álvarez
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