Sírvanse acá de lo que podría ser el final de una alternativa historia como la de la película "La vida es bella".
Una alternativa latinoamericana como la que más; una alternativa andina, altiplánica; una alternativa proletaria, minera, de lucha de clases; y una alternativa feminista.
[...] Y ahí yo le he preguntado a mi papá:
- ¿Por qué papá vivimos en un mundo injusto?
Y él me ha dicho:
- Hijita hay que luchar contra eso, un día vamos a ganar. Vamos a hacer guerra y vamos a ganar.
Y cuando la Revolución [de 1952], después del triunfo, él estaba llegando junto con los demás y yo fui a darle alcance y corríamos gritando: ¡Papi, papi!
Apague el despertador de un
golpe. Levántese. Apenas abra un
ojo, comenzará su calvario, su lucha contra el sueño que recién soñó. Ese que
fue realidad mientras duró. Asimílelo, no está soñando más.
Métase unos hidratos, filosofe
frente a la encimera, entra oscuridad por la ventana. Vístase, zombie, y lávese
esa cara... No busque razones para sonreír alrededor, salga ya, el jefe lo está
esperando.
Aventúrese a la calle. Camine
sobre los restos de la noche anterior, esa que no vivió, porque estaba roncando
y soñando. Usted tiene otra obligación, o eso le llevan años diciendo. Camine hacia
el metro. Al menos amanece por Argumosa. ¡No, espere! Deténgase un minuto, dese
un regalo. Deje que el sol, la luz directa y la reflejada por los cristales de la calle y de la plaza, lo calienten
un poco. Ahora sí, tome su transporte, sea una sardina en agosto. Es usted la única
cara con intención de sonreír en todo el vagón, ¿no ve que está solo? No lo
intente más. Y por cierto, no olvide pagar con su sueldo el que lo estemos llevando.
Intente leer, intente formarse, intente
crecer en algo mas que lo que su especialización le obliga. Concéntrese, son las
ocho de la mañana... ahora camine, siga a esa masa.
Entre en la oficina, diríjase a
su despacho, enciérrese 8 horas, y cumpla con su deber.
Y no deje que, entre párrafo y párrafo,
se le mezclen sus reflexiones, ni sus sentimientos, ni sus informaciones sobre
masacres lejanas. ¡Produzca carajo!
Es tarde, dé media vuelta y trate
de convencerse de que no está alienado.
Camine, siga a esa masa, ya exprimida. Dilúyase por el barrio para alcanzar su colmena.
El barrio vibra, pero eso no es para usted...
Compre, cocine, limpie, lave, prepare.
Mañana ya sabe lo que le tocará. No evoque épocas pasadas mejores, no extrañe,
no crea que puede convertirse en la persona que sueña. Su sustento está acá, y su
deber para con la sociedad, también.
No se resista, no se agote en vano.
Termine el día pronto. Reencuéntrese con sus pesadillas. Y mañana, siga creyéndose
todo lo que le digamos.
Hoy la calle Salta se llama Miguel Servet. No sé quién es el tal Miguel, habré de investigar. Las escuelas Pías, la UNED, la Casa Encendida... quedan bien cerca, así que no hay excusa. No obstante lo cual, la DGT me motivó a hacer una pequeña investigación preliminar.
Parece que comienza una nueva época. Visto que el paso del tiempo es inevitable, Peter Pan deberá considerarlo un hecho positivo.
Lavapiés baja las persianas de acero, la calle tiembla. Es verano, de esos ricos, pero hoy sopla viento fresco, los árboles arrojan por la ventana hojitas al piso, parecen cucarachas en la oscuridad. Solía tener una muestra latinoamericana paseándose las veinticuatro horas bajo el balcón de la calle Salta. Ese gran observatorio del continente y del mundo que es Buenos Aires. Y no por ello puede uno contentarse y no salir a conocer y sumergirse.
Ahora no suena el colectivo a todo gas despertándome ocho veces por noche, ni chamulleros deambulantes, ni siquiera puede observarse a esa mujer venida del norte argentino, del altiplano o de cualquier parte del conurbano, que cada noche recorría la calle con su hijita buscando algo útil entre la basura; tampoco los cartoneros, quienes, sentados sobre la cubierta de su altísimo camión repleto de celulosa, casi alcanzaban el nivel del primer piso. Y esperemos que tampoco se oigan disparos en la noche.
Abajo suena mucha vida, terrazas en auge que luego recogen. Todos los acentos del catellano, los dialectos del árabe, pular, indio, swajili, y un largo y desconocido etcétera. Y los olores, siempre. Conviene reconsiderar Madrid como otro gran observatorio. Tampoco olvidemos que, para muchos, en los Pirineos termina Europa y comienza África.
¿Qué día es hoy? Es lunes. Por suerte, el laburo llamó a la puerta (en estos tiempos). Yo siempre recordaré Los lunes al sol.
Bien, princesa saharauia...hacía un largo y accidentado tiempo que no nos veíamos, ¿verdad? Y yo acá, de nuevo, escribiendo con el corazón. Como si nada hubiera cambiado, pero no... Además: tú has crecido una barbaridad.
Cuando te conocí, apenas hablabas hassanía, y eras un moquito lindísimo que se abalanzaba sobre nosotros al despertar. Vestías ropita cómoda y monótona que te ponía Alia.
Recuerdo que nos entendimos muy bien desde el primer día, hasta hoy.
Tú no parabas de sonreír, corrías hacia nosotros cuando te llamábamos y nos placabas en las rodillas con un abrazo de mico, seguías sonriendo, nos contagiabas tu mágica sonrisa, y nosotros a ti. Eras dócil y versátil: te cogíamos de la mano y te llevábamos con nosotros a cualquier lugar de la daira. Tú olvidabas las sandalias, nosotros también. Hamdi venía preocupado a avisarte, y Alia te regañaba, consciente de tu categoría de casi-mascota. No eras nada llorona y siempre nos mirabas atónita; después, sonreías, otra vez.
En contraste con tu piel curtida y tus mejillas moteadas, los ojos te brillaban como al resto de tu pueblo, entonces los atónitos éramos nosotros.
Y así, pasaste a formar parte de mis primeras fotos, y de la mejor de ellas.
Cierto día de tranquilidad, en tu casa, ponele que me estaban torturando con la henna y su ritual femenino, te me acercaste a jugar, siempre curiosa por este nasarani. Y nos dimos la manito.
También fuiste atractora de fotos...
Pasaron los años, y seguí acudiendo. El segundo, te reencontré cuando tu padre retiró una manta del suelo: allá estaban ustedes 4, ordenaditos de mayor a menor, dormidos en el séptimo sueño, ajenos a que eran las 5 de la mañana, acabábamos de llegar y el cielo más estrellado que recuerdo levitaba sobre nuestros techos. Se levantaron y (los que sabían caminar) nos saludaron con esas legañas y los párpados pegados...
Entonces, sin darnos casi cuenta, comenzamos a convivir, a pasar el día a día juntos, a compartir amaneceres, días enteros, atardeceres mágicos y noches azules de brisa cálida. Pasamos a ser uno de ustedes, y esto que consiguen es lo más admirable que uno descubre allá.
Otro año, y pasaste del cole de peques al colegio para mayores. Y entonces pudimos ir todos juntos.
Y seguimos regresando a la casa. Cual Principitos, volvimos a soñar que éramos niños como tú.
La última vez que nos vimos... fue la última vez que nos vimos todos. Recuerdo un bulbo de decenas de personas, arrejuntadas a la puerta de aquella casa: mujeres, hombres, ancianos y muchos, muchos niños revoloteando. Todos alzaron la mano durante interminables segundos. La Luna los iluminaba bien clarito. Gritaron unísonos y dispares "adioses", de gran diversidad de timbres y tonos. Eran dos familias unidas en una en ese instante. Yo no dudé: saqué casi todo mi cuerpo por la ventanilla de aquel jeep. Alcé la mano, la sacudí al aire y les regalé mi última sonrisa, tan fuerte como pude. El jeep arrancó con cierta brusquedad. La inercia balanceó mi cuerpo hacia atrás...cuando quedaron escondidos por otras jaimas y los perdimos de vista, seguimos escuchando aquellos vítores y adioses y alegres gritos, que escondían tristeza. Los seguimos escuchando largo rato. Cuando nos alejamos más aún, lo de siempre: silencio en el coche.
Desde entonces, he recordado esa despedida y vuestras voces de aquel día resuenan perfectamente en mis oídos. Hasta hoy.
Y resulta que ahora nos visitas. Entras en el afortunado club de "los mejores embajadores de la causa saharaui". Y vas y apareces en Valladolid, tan mayor. Seguimos entendiéndonos igual de bien que siempre, no es fácil de explicar. Sólo que, ahora, tengo que enseñarte castellano; tú sigues siendo mi profe de los números en hassanía, y hoy ya de mucho más vocabulario!
Tu sonrisa trae vida a la Meseta, tu dulzura quita amargura a las añoranzas.
También me toca, niña del desierto, enseñarte a nadar. Hacer fotos, ya sabes.
Aquel día, no pasó ningún avión atravesando el cielo de la Meseta.
Pasó mucho agua bajo los puentes. Fue lindo comprobar que algunas cosas no cambiaron.
¡Hola! Soy yo, acabo de llegar a Gante, el viaje fue bien duro y aún más largo, llegué hecho pedacitos pero qué más da, hacía tanto que no nos encontrábamos...
¡Hey! ¡no te puedo creer! Llegué directo a una cama calentita doble plaza, el barrio turco le ponía mala cara a ese mal tiempo tan gris pero ah...teníamos la bicicleta para perdernos entre canales, raíles, cafés y factorias de dos siglos atrás. Ah...la bici, qué gran recibimiento "brotha", reviviste los mejores recuerdos surcando el puerto de Santa María del Buen Ayre.
Larga vida al teatro carajo!
A las puertas del Rabot
Los canales del norte, el desconocido submundo industrial digno de ser escenario para una película futurista.
And now... on the way to Trier, delightful weather was the gift at Luxemburg.
Y, por fin, los 5 primos juntos. 13 años han pasado desde la última vez, allá bien lejos. Y ahora,Trier.