domingo, 13 de noviembre de 2011

PATAGONIA NORTE: de los Andes al Atlántico

Día 20 de octubre. Dos gashegos están por aterrizar en Aeroparque en un vuelo desde Ushuaia. Empaco valijas y lo poco que poseo, y nos encontramos en casa de Eugenio. Cuando nos reunimos todo, elegimos lo imprescindible y lo prescindible para los 11 días que nos esperan. Lo embutimos todo en el baúl del auto, "un Fordfi que se la banca re bien", y la que le espera...a las 22.30 salíamos de Palermo, rumbo al oeste, dejando atrás Luján y diversos pueblos de la provincia de Buenos Aires (que es, para quien no lo sepa, más extensa que la España peninsular...) Somos un porteño de Palermo, Eugenio, dos pucelanos que vienen del sur, Alfonso y Miguel Ángel, y el Gashego trucho, Alejandro.
La verdad no paramos de hablar, y tomo el relevo de Eugenio durante la carretera/ruta del desierto, atravesando la provincia de la Pampa, efectivamente desértica. Nos turnamos el manejo y el descanso, y nos da el amanecer en mitad de la Pampa todavía, yo comienzo a dormir ahí recién. a principio de la mañana paramos en General Roca a repostar, y seguimos hacia la montaña, dejamos atrás Neuquén, y tras una parada en Junín de los Andes, nos mandamos al parque nacional Lanín, bordeando el lago Huechulaufquen. Estamos en zona mapuche.
Llegamos al final de recorrido para autos, estamos hechos mierda del largo día, pero nos da tiempo a escaparnos hasta la catarata del Saladillo.


Volcán Lanín, 3700 msnm.



Camino a Junín de los Andes.
De camino a los Andes, a través de la pampa, existen tramos de hasta 200 km de carretera rectilínea...fácil quedarse dormido, pero peor aún cuando esa recta termina y aparece un quiebre...solían dejar los autos accidentados a los costados de la carretera, para alertar de esto.












Iremos viendo que el Ford Fiesta llegó a donde nadie llega...

Acá pasamos noche, a orillas del Huechulaufquen.

Tras la que sería la más fría de nuestras noches, en una peninsulita que se adentra en el Huechulaufquen, partimos hacia San Martín de los Andes para repostar, cargar comida y comenzar la ruta de los Siete Lagos.

San Martín de los Andes, lago Lanín.

Podríamos rodad El Señor de los Anillos en más de un lugar de esta ruta. Partimos desde San Martín de los Andes hacia el sur, por una curvilínea ruta de ripio/piedras que rodea lagos, y a medida que avanzábamos íbamos encontrando más y más ceniza depositada en el agua, sobre los árboles, sobre el terreno...fue la protagonista del día. También puede apreciarse una constante nube/neblina de polvo.

Yo, si no me cebaban mate, no manejaba...

El Arroyo "Partido" se bifurca acá. lado izquierdo va para el Pacífico, el derecho desembocará en el Atlántico... esto daría lugar a una eterna discusión sobre el trazado de la frontera con Chile, que se perfiló hace más de un siglo, y que se basó en un doble criterio de Cumbres y de vertientes hidrológicas que, combinadas por el Perito Francisco Moreno, conseguiría arrancarle algunos mordiscos de terreno (y de AGUA) al país vecino (ese que es "muy finito muy finito...")

El color gris responde a la ceniza depositada.

El caso es que llegamos al lago Hermoso, tras pasar un par de lagos y buscar aquel durante unos kilómetros. Hermoso era...y frío también. Pero somos gashegos...y le ponemos huevos!


Se manda el gallego 1
se manda el galledo 2...




El gallego trucho repitío... (como canicas!!)


Proseguimos ruta, manejando entre ceniza, rumbo al próximo lago, Traful.

(en Madrid le pondrían algo así al auto de Euge en la luna trasera)





Aguante el Fiesta!


Algunos piquetes locales no querían que hiciéramos la ruta...fuera de joda, el panorama era bochornoso y muy triste. Producto de la ceniza volcada al ambiente por el volcán Puyehue, hasta Buenos Aires Capital Federal sintió llegar las cenizas. Pero esta zona es la más afectada del globo. Hectáreas de bosques muriendo, por el peso de la ceniza, el estrangulamiento del pavimento y sobre todo por tapar las hojas e impedir la fotosíntesis. Se veían constantemente troncos caídos, tumbados, sobre otros, y el terreno absolutamente cubierto. Casi peor aún, muchos animales, como esta vaca salvaje, que observábamos buscando desesperadamente un ramito que comer del terreno, que apenas mostraba verde... También, los lagos estaban manchados con ceniza que demora mucho en sedimentar. Por no hablar de la cantidad de polvo que teníamos que respirar.


...Y llegamos al fantástico Traful




El caso es que algunos necesitamos escaparnos a subir cumbres y descubrir terreno desconocido...y apetecible.






Dicen: más perdido que un pulpo en un garaje, como uruguayo en la montaña...o como porteño en los lagos.
Eugenio y yo alcanzamos esos apetecibles picos de piedra. La vista desde allí era espectacular, era como estar en mitad del alargado lago Traful, tragar ceniza, y admirar la espasmosa caída que sigue hacia abajo.










Desde el mirador, el autor de las fotos, Alfonso.

Había una cimita, "ahisito no más"





Puede observarse el gris/marron de la ceniza, sobre las montañas y en su reflejo.

Más ceniza.




Llegamos a uno de los últimos lagos de la ruta de los Siete. Era como caminar en la Luna...aunque más triste, pienso yo.
Irónico lo del césped...

Se nota la nube de ceniza en el color del cielo y en la poca luminosidad del ambiente.



Creerse Neil Armstrong por unos momentos, no hace mal a nadie...

Trazas de ceniza en los lagos.



El final de la ruta es Villa la Angostura, una entrada a la península de La Angostura, donde hay un precioso bosque de arrayanes, el parque nacional Los Arrayanes en la punta, que no pudimos ver. Dicen que es de los lugares más bellos de la Argentina, visto en un mapa, la omnipresencia de los lagos, de los bosques, las formas. W. Disney se inspiró en el bosque de arrayanes para el entorno de la película Bambi.
El panorama en Villa la Angostura era bastante desolador, con dos palmos de ceniza acumulada en algunos lugares, y poco que hacer, nos quedamos a las puertas de la península y el bosque (cerrados) así que nos fuimos a Bariloche al anochecer.



San Carlos de Bariloche, desde el otro lado del lago Nahuel Huapi.

Ya era cumple de Alfonso, no diré cuántos, y para cerrar el día anterior, nos bajamos unas "milas"
Al día siguiente de dormir por primera vez en una cama tras dos noches, fuimos a recorrer los alrededores de Bariloche, del Nahuel Huapi, el circuito Chico.
Ascendimos el cerro Campanario, con lindas vistas a los lagos, pero la nube de ceniza siempre presente.




Creo que fuimos los únicos que no subimos al mirador en el teleférico, sino a pata.

Continuamos visitando el hotel Llao Llao, el más lujoso y caro de Argentina, construido por el gobierno para el turismo de lujo. Se sitúa entre los lagos, frente a los montes...como era el cumple de Alfon, se copó/enrolló y nos invitó a unas cerves.


Llegó el fuerte del día, vamos a la falda del Cerro López, y convenzo (engaño) al personal para ascenderlo, obviamente, hasta el final, con nieve, sin abrigo, con zapatillas de deporte, sin agua, sin bastones, sin equipo, y con "unos sandwichitos en la mochila de la uni". En otras circunstancias fueguinas, me habrían parado, pero en ese momento podía engañar a cualquiera y que nos diera la noche en la nevada cumbre.

Ascendiendo, pronto comenzaría la nieve.

Sus merecidos descansos.

Alfonso encontró su inspiración en una piedra, y desertó al rato...



Refugio Roca Negra.

Cerro López (sólo 2070 msnm)


Por el camino reclutamos a un capo de provincia de Buenos Aires, Pablo, que recorre la Patagonia Argentina rumbo al sur, libre como huevo de camello, y se unió al equipo antes de que Fonso "arrugara".


Acá Alfon dijo "Basta! esta no es mi forma de divertirme, o algo así".


Arriba, más allá de donde comienza la nieve, se sitúa el refugio al que nos dirigimos




Y tras 30 min. de nieve, llegamos al refugio, que se veía lejísimos desde abajo.





Refugio. Cuando llegamos a él, preparé comida para los chicos, charlamos con dos vascos bien equipados que encontramos arriba, e hicimos un monumento a Alfon, a quien ya extrañábamos, pero podíamos verlo con los prismáticos durmiendo allá abajo, en mitad del monto.

Pablo y yo nos escapamos al arroyo que alimentaba el refugio de agua, a beber directamente. Estaba sólo un poco fría. El deshielo había comenzado tiempo atrás, y bajo una capa de nieve, un vacío separaba ésta de la roca, por lo que estaba ya peligroso para hundirse allá abajo, bajo la nieve. De hecho, metimos muchas patas hasta el fondo de la nieve y quedamos casi colgando.


Nos costó lo suyo bajar, más que subir.


Foto de los cinco del grupo, frente al puntiagudo cerro López.

Alguien le nota algo raro a Alfonso?


Fonso, ahí arriba te extrañamos y te lo queremos demostrar con este video.


Equipo triunfante en el cerro, preparándose para descender.

Euge demostró ser el menos abuelo de todos.


Estimado Comandante Pérez-Cuadrado de S., también quise haber subido esta cumbresita que estaba ahisito no más, pero nadie me quería acompañar. Eran las 16.00, nos daba tiempo de sobra!

Alfon, tenés unos amigos que no te los merecés! ni siquiera plantamos una bandera allá arriba!


Descendemos. De camino nos regalamos unos cuantos "culopatín".
Videos:





La caída del sol regaló unas vistas exceptionales del cerro y de los lagos.







Abajo del todo nos encontramos con Alfonso, algo ofuscado, así que hay que consolarlo con unas birritas, y la zona está llena de cervecerías y demás comercios de actividad descendiente de toda la población que en su momento inmigró acá desde Europa central, Alemania, Austria, Suiza.




Estábamos agotados, quemados, sucios, y algo más, tras unas buenas birras artesanales, pero tienen que adivinar.



De acá en adelante hay un vacío de acontecimientos que se sucedieron en las siguiente...doce horas, y que por muchas razones voy a saltarme, principalmente porque no hay fotos que lo avalen, y si la cuento toda, nadie me va a creer.
El caso es que a las 9 am del día siguiente, apenas podíamos movernos, y aún así arrancamos a proseguir nuestra ruta hacia el sur. Dejaríamos Bariloche y de camino a El Bolsón, visitaríamos el PN Nahuel Huapi, con su Ventisquero Negro, su Cerro Tronador, sus cataratas. Y más lagos, por qué no!


Conseguí que el gallego 2 alcanzara la categoría de argentino trucho, lo aficcioné al segundo día al mate, y se inspiró a conducir mientras le cebaban.









Obviaremos el momento boludo en que me tropecé y me empapé entero.









Medias "secándosé" en el techo del auto.

Mientras unos manejan, otros hacen fotos traicioneras, comprometidas. Pasamos mucho más tiempo en ese auto que durmiendo fuera de él durante todo el viaje.

Nos acercamos al cerro Tronador, así se llama por el estruendo que produce, cual glaciar, al dejar caer témapanos de nieve sobre el valle que encierra bajo él.

Su vecino es el Ventisquero Negro. Glaciar en retroceso, con la curiosidad de estar cubierto constantemente de tierra, que le da ese color negro.
Pueden apreciarse los témpanos de hielo con tierra, descongelándose en el agua.


Cerro Tronador. En pleno deshielo.


Asoma una cascadita que llaman Cascada del Diablo, mientras que a la de Iguazú la llaman Garganta del Diablo también. El nombre de la primera, por tanto, no me cierra.


Avanza la tarde mientras seguimos manejando entre lagos hasta unas lejanas cataratas que merecieron la pena. La tarde se quedó hermosa.





Aquella noche seguimos manejando hasta el Bolsón, de camino nos paró la gendarmería, y dado que nuestro compañero Pepito Grillo (estaba afónico y sonaba como si fuera nuestra conciencia jaja) era quien manejaba, cuando los agentes lo interrogaron no pudieron evitar reírse un rato de nosotros, pasando a hacernos preguntas personales entre risa y risa, pidiéndole que por favor "hablara un poco más" para cagarse más de risa.
Llegamos a El Bolsón de noche. Este es un lugar peculiar. En su momento, surgió como un asentamiento hippie de gente de los continentes americano y europeo, y está situado en un valle rodeado de un sinfín de rutas, cascadas, bosques, picos, montañas, lagos, parques naturales...es una joya natural más. Hoy en día es zona desnuclearizada y capital ecológica de la zona. Está repleto de vendedores de artesanía, centros culturales, mucha vida juvenil y no tan juvenil que trata de llevar una vida más cercana a la naturaleza. Como todo, en los últimos años, viene comercializándose "la onda hippie". El pueblo es muy agradable, aislado de muchas cosas accesorias, aunque ya ha crecido. Muchos mochileros se retiran ahí a descansar y a encontrarse con la naturaleza y formarse arte y cultura. Nosotros le dimos prioridad a relajarnos por los alrededores de la ciudad. En esta época, había pocos viajeros recorriéndolo.
Qué pasa!? los hippies también utilizan folletos para promocionar comercios o atractivos naturales!
Aquel día en El Bolsón, tuvimos que elegir una cosa, y resultó ser pasarlo en el lago Epuyen. Ascendimos a él en coche por una carretera empinada de ripio. Cargados de carne, carbón y cerveza, alcanzamos el vacío camping y organizamos uno de los mejores asados jamás conocidos.












Pudimos relajarnos durante horas a orillas de lago, entre Quilmes, choripanes, tapa de nalga, morcilla, música, baño, sol, siestecita...el silencio era absoluto. Desde los lagos se divisavan las cumbres de los cerros que rodean el valle del lago, el agua a unos 12ºC.



Finalizado un día de relax extremo, llegó el atardecer y nosotros con él a un mirador al otro lado de El Bolsón, en un espeluznante acantilado que daba a un río, montes y nevados.



(este "momento pika" casi superó al del glaciar Perito Moreno)

Terminamos aquel día tomando mate en el parque urbano con el lago más feo de la región, reencontrándonos con Pablo nuestro compañero de Las Heras, y poniéndonos al día de lo que sólo en 48 horas había sucedido.
Al día siguiente nos fuimos de aquel hostel de argentinos cancheros/flipados y turistas europeas, y llegamos por la mañana al parque nacional Los Alerces, de camino a Esquel, que más o menos delimita el comienzo de la patagonia sur y final de la zona norte. Tras esto, no dormiríamos en cama hasta Buenos Aires (y ni en Capital, verdad Euge? lindo y cómodo, el piso de tu casa...)
El alerce es el ser vivo más antiguo de América, y el tercero del mundo. Puede vivir hasta 3 milenios, y en el parque existe un ejemplar de 2.600 años de vida...vivo! Esta joya de parque nacional tiene una zona de reserva natural estricta, inaccesible, todo está repleto de alerces, arrayanes, y otras muchas especies vegetales, y la verdad que mezclado con más y más lagos que lo discurren, resultó de los paisajes más bellos que llegamos a ver.


Esto son arrayanes, se diferencian claramente por una finísima capa de polvorienta piel rojiza, removible con un dedo.


Como puede observarse, parecía que íbamos de Lyon a Tánger, vía Algeciras...o de Buenos Aires a Tupiza, vía Villazón, según se quiera. Que no falte lugar para la pelota! Aquel día nos dio un agradable momento de patear.


Cada lago se merece su correspondiente chapuzón, en las circunstancias que sean...los hasta ahí 3000 km recorridos eran suficiente excusa de confianza.








Lago Verde.

El maravilloso lago Futalaufquen. Tiene forma de "L", alargado con un codo. Desde el codo se observan las dos mitades, la primera, hacia el noroeste, con la zona glaciar al fondo. La segunda, hacia el sur, en cuyo extremo dormimos aquella noche.


Nos detenemos en un camping, siempre vacío por estar fuera de temporada. En este momento del viaje, mi sensación de desconexión de la ciudad y el día a día es máxima. Celulares apagados, no hay señal, no internet, nada. Los paisajes, los 4 amigos, el agua, los recuerdos y uno mismo.
En el extremo sur del Futalaufquen rematamos una agradabilísima tarde y por supuesto nos bañamos.





















Armamos una hoguerita, las carpas, la cena entre todos.









Entrada la noche, y finalizada la velada y la hoguera, descubrimos que hacía 10ºC por lo que Euge y yo nos mandamos a la orilla del lago a dormir. Acá amanecimos. Lo malo fue que aquella noche se levantó otra macronube de polvo, que se aprecia en esta foto del amanecer. Ese día los periódicos anunciaban esa nube de ceniza que había salido del Puyehue, se había posado sobre el terreno y se había vuelto a levantar aquella madrugada. También se levantó la alerta por erupción del Hudson.
El bulto azul todavía duerme en su saco, la foto tomada por Euge.


Partimos del parque nacional los Alerces, y nos dirigimos a Trevelin, un lindo pueblito antes de Esquel, a repostar. Esta zona y la costa atlántica, en estas latitudes, está llena de localidades que fueron asentamientos galeses inicialmente.
En Esquel visitamos el famoso Trochita, un ferrocarril de 100 años de antigüedad, diseñado para atravesar la Patagonia, de las vías más estrechas del mundo, 70 cm de ancho. Hoy en día sólo funciona para turistas, aunque hasta hace poco era utilizado por los habitantes de la zona. Lleva a el Maitén, cerca de El Bolsón, y alcanza un máximo de 75 km/h en recta descendiente. Funciona a tracción por máquina de vapor y es toda una reliquia de vagones de primera y segunda clase, de ganado, y la máquina de vapor es otra joya aún más valiosa.







Tras esa breve visita, ponemos rumbo al este, dejamos los Andes y nos adentramos en la insólita, abismal y casi desértica Patagonia. Agarramos la ruta 25 que atraviesa durante unos 700 km el centro de la Patagonia, con el interés de la Ruta de los Altares a mitad de camino, una serie de acantilados que discurren por unos pocos kilómetros junto a la ruta.







Al final de la tarde, arribamos a Trelew, también de origen galés. Hacemos una parada en el museo paleontlógico, que muestra la riqueza de dinosaurios que habitaron la Patagonia y que nada tiene que envidiar a los que habitaron en Norteamérica o Euroasia.


Tomamos la decisión de meterle pila hasta la medianoche y manejar rumbo al sur hasta Camarones, en la costa, un pueblito en el que no había NADA de interés, cerca de donde "nace el viento". A la mañana siguiente visitamos Cabo Dos Bahías, con una pingüinera poco turística y donde la cercanía con el pingüino es mayor. Lobos marinos, pingüinos, guanacos, y unos "pajarracus cabronicus" que se dedicaban a morfarse los huevos de los pingus, que para dos que ponen, se los quieren comer.




(andanará el pingüino, leches)


Había nidos de pingüino hasta bajo la pasarela. Durante esta época vienen a reproducirse e incubar, los polluelos estaban por nacer.



Pajarracus Cabronicus en acción.



El Ford Fiesta de Euge contaba ya unos 4000 km sin darnos cuenta, y aquel día sí que llegó al fin del mundo...

Esta zona de la mitad de la costa atlántica de Argentina es todo un icono para la migración de las especies animales, en primavera y verano dependiendo dela especie, y cuyo colofón final es la Reserva Faunística Península de Valdés, que visitamos al final del viaje.


El Cabo Dos Bahías deja dos pronunciadas bahías, una a cada lado de él mismo.








Destrozando el mapa de carreteras, más que mirándolo.


Seguimos hacia el norte hasta Punta Tombo, otra reserva de pingüinos, más turística, por ser la mayor del mundo de pingüinos de Magallanes, la cual cuenta con medio millón de ejemplares en su colonia.









A nosotros, estos bichos tán simpáticos (a media larga distancia, eso sí) nos recordaban a un hombre caminando con los pantalones a los tobillos, con un gran realismo...





La calandria, ave poética, cuyo canto merece todos esos versos.




Aquella noche nos escapamos al anochecer hasta Puerto Madryn, antesala de la península de Valdés, y alcanzamos a medianoche la península, al final de su pronunciadísimo istmo, y acampamos (simpa incluído) en campin municipal de Punta Delgada. Dicen que un mes antes se escuchan los gritos de las ballenas que provienen de la bahía a la que da el camping, cuando los mamíferos quieren fornicar tras tantos miles de kilómetros de viaje. Nosotros no escuchamos un carajo. Pero el lugar era muy lindo, olía a mar, a diversidad animal por decirlo de alguna manera, y el silencio sólo se rompía por las olas del mar, y por algún argentino escandaloso.

Amanece en Península de Valdés, sobre Golfo Nuevo.







Bien, la última jornada del viaje comenzó con el mítico paseo en barco para observar a la ballena franca austral bien de cerca. Tras el invierno, que lo pasa en el norte de Brasil, hace parada para reproducirse o parir, en el mes de septiembre, y en octubre están las madres con sus ballenatos, para alimentarse al comienzo de su vida. En verano marcharán a la Antártida.

El paseo en barco fue muy impresionante, el capitán visualiza ballenas (a pesar de estar, para mí, más perdido que uruguayo en la montaña) y se acerca a ellas. Está prohibido perseguirlas y han de apagar motores a 100 metros de ellas. Las ballenas son muy mansas, y se acercan a los barcos.


Muchas veces se encuentra al ballenato en la superficie, pues éste tiene poca capacidad de buceo (o es más pajero) y la madre está buceando en busca de comida. Al rato, aparece la madre, hasta ese momento, el ballenato juega y la llama.



Las callosidades blancas son crustáceos que se adhieren a la piel de la ballena.










Aquel día, tuvimos la suerte de ver saltar a una. Nada que ver con el salto de un delfín! Es un salto elevado, no saca todo el cuerpo del agua, y la cantidad de líquido que mueve es inmensa. Resulta todo un estruendo.






Boca abierta, algo también poco frecuente.

Bajan la panza y la parte media del cuerpo para que las gaviotas (unos pajarracos tan inteligentes como cabrones) no les produzcan graves heridas en la piel al comerse sus parásitos cutáneos.







(...sin más razón/...cuando volverá) Manu Chao está tocando en Argentina durante el mes de noviembre. A finales podremos verlo en Buenos Aires (ya tenemos entrada!, gracias Anita!!!)



Tras aquello, nos dedicamos a recorrer la península en su perímetro. De mirador en mirador, pingüinos, lobos de mar, elefantes de mar, (no era temporada de orcas)...
Tras un largo recorrido, paramos a media tarde en el mirador de ballenas. Para mí un lugar increíble, donde pegaba el sol sobre las bahías y los acantilados, y se veían a lo lejos ballenas salir a la superficie del mar. 

Estos acantilados estaban hechos naturalmente de pedazos de conchas y crustáceos secos, aglomerados en tierra.




 

Para mí, este lugar fue especial, penúltima atracción del viaje.
Aquel Sol pegaba cálido, el viendo corría, entraba siempre desde el sureste, ballenas sigilosamente emergían a lo lejor, y se veía el otro extremo del istmo, continente, y la brisa marina ponía el resto del entorno a relajadas conversaciones y relajados silencios.
 


Como colofón final, y como corolario para Anita, Almudena, Pablo piloto, Potty, y demás soñadores (y premio para los que hayan llegado hasta aquí)
Saliendo por el lado norte del istmo de la península de Valdés, se puede divisar la Isla de los Pájaros. Según cuentan, Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en su forma para crear aquel sombrero, o mejor, aquella boa constríctor que se había tragado a un elefante. El escritor y piloto francés escribió Le Petit Prince (El Principito) en su departamento de Manhattan, en 1941. Huído de los campos de concentración europeos, el piloto y escritor francés tenía 40 años y había pasado los 20 anteriores volando por el desierto del Sahara, los Pirineos, Egipto y la Patagonia. En este último lugar, fue director de Aeroposta Argentina desde el año 29 al 31. Entre las páginas de El principito y el Asteroide B612 se esconden imágenes de la Patagonia que quedaron grabadas en la mente del francés mientras sobrevolaba inhóspitos paisajes con incesantes vientos. Los volcanes perfectamente cónicos del asteroide deben su forma a los que sobrevoló de camino a Punta Arenas, en la Patagonia chilena, frente a Tierra del Fuego. Las ilustraciones muestran al Principito sobre las cumbres de las montañas del Fitz Roy o Chaltén (uno de los picos vecinos a El Chaltén lleva su nombre). Probablemente, haber conocido a las dos jóvenes hijas de un emigrante francés después de un aterrizaje forzoso en Concordia, cerca de Buenos Aires, le ayudó a crear el personaje del príncipe.
Saint-Exupéry no vio la importancia y el éxito de su libro. En 1944, tras la primera edición, desapareció durante un vuelo que debía llevarle junto a las tropas francesas en el exilio en Argel. Sus años en la Patagonia aparecen también en dos de sus novelas, "Vuelo nocturno" y "Tierra de Hombres".







Bien, tras aquella parada, el sol se puso. Saliendo de la península, decidimos enfilar los 1300 km que nos separaban de Buenos Aires, y manejar toda la noche, casi siempre bordeando la costa atlántica, hasta llegar a la inmensa provincia de Buenos Aires, de nuevo, donde amaneció una terrible niebla y con las últimas arribamos al porteño barrio de Palermo. El cuentakilómetros marcaba 5.850 km recorridos desde que salimos 11 días atrás. Culminaba así un viaje que teníamos pendiente de hacía tiempo.
El agotamiento físico se compensó con asados y con la satisfacción de haber vislumbrado algunos de los paisaje más bellos posibles, más aún de lo esperado; y sobre todo se compensó con un gran descanso mental. Al día siguiente armaríamos asadito y un paseo turístico por Buenos Aires, comprimido en un día.













Ministerio de Asuntos Sociales, a 3 cuadras de mi casa, en medio de Lima y 9 de julio. Hace unos meses le pusieron esas luces con la forma de Evita Perón.

Avenida de Mayo: el imponente y altísimo Palacio Barolo, en mitad de la ciudad.


CONGRESO: El Pensador de Rodin (réplica) y el Pensador de Buenos Aires (original)






Definitivamente, Buenos Aires, al igual que Madrid o Barcelona, es una ciudad para vivir más que para ver o visitar.

Regresar a Capital Federal tras varios días de "exilio" fue, esta vez sí, como volver a casa. Acaso similar, sólo similar, a retornar a Valladolid, Madrid, Lima o Tindouf.

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