Aún no ha amanecido, salgo de la tienda y camino unos metros. El viento ha soplado con mucha fuerza esta noche, y ya comienza a convertirse en uno de nuestros más fieles compañeros de viaje. Ha sido nuestra primera noche en Chile, y parece otro planeta, a lo mejor es el solo hecho de haber cruzado la frontera, a lo mejor es tan solo simbólico, pero respiro diferente, respiro Chile.
Parece que a Alex le cuesta más abandonar el calor de la tienda y el saco, la mañana es fría y el cielo amenaza con nubes oscuras y alargadas, la soledad del paisaje que nos rodea es justo lo que andabamos buscando.Con tranquilidad, nos ponemos en marcha y subimos en Darwinito, rumbo al Parque Nacional de las Torres del Paine. Recorremos la carretera nacional nº9, hacia el norte, dibujando curvas y rectas infinitas a lo largo de la Patagonia, es maravilloso.
A la altura de la población de Cerro Castillo, situada junto al paso fronterizo con Argentina, la calzada se convierte en lo que allá denominan " camino de ripio", o lo que es más común para nosotros, un camino de piedras. De repente, la inmensidad se hace dueña de la situación, la vía hacia el parque nacional nos regala paisajes dificilmente descriptibles a través de las palabras. Un cielo lluviso y desbordado de contrastes, tierras de color marrón y amarillo, desafiantes y escarpados picos a lo lejos, vacío, espacio, tiempo.
Un rebaño tremendo de ovejas se acaba de apropiar de la carretera, no nos permiten circular pero la situación es tan curiosa como hermosa. Cantidad de ovejas rodean a Darwinito, que con calma, trata de hacerse un hueco entre la multitud. Estamos solos, sin prisa, observamos el duro trabajo de dos pastores , o "gauchos". Los gauchos son un tipo de campesino característico de las llanuras australes de diversas zonas de Suramérica, día y noche, abrigados de pies a cabeza, con sombrero, cabalgan sus caballos con paciencia, vigilan y orientan al rebaño y habitan estas desiertas y lejanas tierras.
Se acerca, bordeamos el lado Este del Lago Toro hasta llegar a la entrada al parque. El camino ha sido hermoso, animales como guanacos, zorros, conejos y ovejas!!!, se han cruzado demostrando con hermosura la fauna del lugar.
Llegamos a la entrada del parque, un guarda nos proviene de cantidad de información de la zona y nos aconseja excursiones y rutas acordes con nuestro plan de viaje. Hemos planeado un único día aquí, pero tanto Alex como yo, hemos acordado que preferimos disfrutar a fondo de dos lugares, que tratar de visitar mil sitios fugazmente y sin detenernos.
La entrada al parque nos ha dejado con apenas unos pocos pesos chilenos, algo equivalente a dos o trés Euros para nuestra estancia en este país. Parece que nuestros cálculos se han quedado ligeramente cortos, no importa.
El cielo está gris y las Torres apenas muestran sus primeros doscientos metros de pared, esperamos que no llueva, sería un poco fastidioso y no vamos bien preparados para el agua. Visitamos una linda cascada, la "Cascada Paine", el agua cae unos veinte metros y luego se encañona para definir un tramo salvaje del río Paine.
Las Torres al fondo, es impresionante, ya se pueden divisar las altas y afiladas púas de granito que dominan el parque.
Darwinito nos acerca hasta el punto de partida de nuestra primera excursión del día, se trata de un salto de agua llamado "Salto grande". Las carreteras del parque recorren paisajes sorprendentes, miremos adonde miremos, la brutalidad de la naturaleza nos atrapa. Desde aquí parte un estrecho sendero que desembocará en el extremecedor "Mirador Cuernos".
Se divisa el "Lago Grey", una mezcla de azules tinta sus aguas, turquesa, marino... todo ello acompañado de un arcoiris que acaba de formarse hacia el Oeste. Es un presente para la vista, un guiño de las Torres, es naturaleza pura.
VIDEO: CAZANDO GUANACOS PARA ALMORZAR (a falta de pesos chilenos...)
Tras caminar aproximadamente trés cuartos de hora, hemos topado con las orillas del Lago Nordenskjold, situado en la base de los espectaculares Cuernos del Paine. Alex y yo subimos a lo alto de una suave loma, y es aquí donde vivimos una de las experiencias más inolvidables de nuestra aventura. Se trata de viento, viento de una intensidad sobrenatural, viento limpio y fresco, feroz e imponente. Hemos pasado al menos una hora y media jugando en lo alto de la loma, dejando caer nuestros cuerpos y apoyándolos en el colchón de este veloz aire. Tomamos por vela un pañuelo gigante de Alex y forcejeamos repetitivamente con el viento. Ha sido bello, muy bello.
VIDEO:
(al estilo Babel...)
Ahora bajamos a comer a las orillas del lago, nuestros últimos bocadillos, ya no hay dinero para comprar más comida hasta que no estemos en parajes argentinos. Tiene pinta de que pasaremos un poco de hambre, Dios, que tontos!!!.
Para terminar el día nos dirigimos de nuevo a la parte Este del parque, con la intención de hacer una buena caminata hasta el anochecer. El viento ha calmado y la noche se presenta apacible. Tras superar un camnio terrible de piedras, y con un puente en el que se observa un cartel que dice: "solo vehículos livianos (menos de 2000kg"), y que no me hace ni pizca de gracia cruzar!, llegamos al punto de partida de nuestra segunda caminata del día. Bajo las torres y exprimiendo las últimas horas de luz comenzamos a andar. Hemos cargado las botellas con el agua del río y ascendemos a buen ritmo hacia terrenos más elevados y próximos a la base de las torres. Llegamos a un tranquilo refugio después de un par de horas de marcha, es el lugar idóneo para sentarnos a admirar el espectáculo y acompañarlo con una agradable conversación.
Anochece, estamos caminando a oscuras, hay vacas enormes en mitad del camino, ya cerca de Darwinito, en una verde ladera nos acercamos a una tienda de campaña para hablar con alguien que nos pueda orientar acerca de dónde conseguir algo de comer, hay hambre!!. Se trata de unos suizos, la verdad, un poco secos. La charla con ellos es breve puesto que aunque hasta nos han invitado a comer algo, tenemos la sensación de que prefieren prescindir de compañía.
Inmersos en la noche, sin dinero, con sueño, preocupados por la gasolina, no tenemos para repostar en Chile y la gasolinera más cercana en Argentina está situada a unos doscientos kilómetros de aquí. Estamos agotados y con mucha hambre, lo único que queda intentar es cruzar hasta la población más cercana en Argentina y hacer uso de plata allá, comer algo y dormir donde se pueda. Unos 200km de carretera de ripio separan el Parque Nacional del pueblo más cercano en Argentina, donde está la gasolinera!!, se hace tarde... La carretera resulta un oasis de nada, los faros de Darwinito desvelan lo que aparenta ser la única señal de vida del lugar, un haz de luz amarillenta, un espacio tan limitado en mitad de la más extensa Patagonia.
Llegamos a Cerro Castillo, el paso hacia Argentina está cerrado!!!, algo que ya Alex temía hace unas horas, estamos para el arrastre. Apenas unas patatas fritas y un poco de fiambre con pan es lo que nos alcanza a comprar con los ultimísimos pesos chilenos, y suerte que hemos encontrado una tienda pequeñita que nos abre sus puertas, son las once de la noche. No queda otra, tiramos nuestra "carpa" en campo de hierba próximo a la frontera, hay casas cerca, pero ahora ni pensamos en eso, caemos rendidos en el cálido interior del saco y dormimos, ya soñando con la próxima aventura.


