lunes, 23 de enero de 2012

Francisco MUÑOZ CHAVEZ

Puede ser sólo un nombre.

Dejé Jesús y Cajamarca, y lo que comenzó como un día febril y torpe se transformó en una linda inmersión en la chacra andina. 3 horas de sinuosos caminos con precipicios avanzan hasta Celendín, provincia del departamento de Cajamarca, que queda en dirección a Chachapoyas. Llego mareado a este pueblo de mierda que más parece el núcleo chiquito de una ciudad contaminada y muy comercial. Acá no hay un carajo que hacer, y hasta mañana en la mañana no salgo para Chachapoyas. Pero a lo lejos, o mejor dicho, en lo alto, las chacras, silenciosas, me llaman bajo ese bello sol y nubes que tiene esta zona, la llamada sierra norte. Así que agarro y me mando, paseando entre chacras, ganado y arroyos.

Horas pasan en silencio, sólo el viento, el mecer de los cultivos y los ecos a lo lejos de los campesinos "lampeando", saneando la tierra de malas hierbas. Cebada, frejol, choclo, papa, haba... entre colinas y cerros verdes y más verdes. Paso entre casas, me saludo con las gentes. Es cierto que esta zona es menos pobre, o mejor dicho más próspera en cuanto al cultivo, que las sierras centrales, pero no, esta gente vive en un profundo aislamiento y su nivel de pobreza es bien acusado. Abajo, se ve Celendín, que no superará los 4000 habitantes.

 Me cruzo al último campesino...se detiene. "A ver, joven, deme conversación". Está machacadísimo, 67 años y no para, hace lo mismo desde hace décadas. Una linda conversación, de idioma poco inteligible, con una gran componente de choque cultural por ambas partes. Ya va a lampear, lo acompaño, y claro, le ayudo, apenas puede mover su cadera. "Yo nací en el 45". Ya cuando me dispongo, termino por arrancarle una planta de frejol, que había confundido con una hierba...nadie me avisó de que entre maíz y maíz a veces intercalaba frejol... se ríe, me dice, agarra la lampa y sigue.

Ya se hace tarde, nos sentamos a descansar mirando el impresionante valle. Suerte que de casualidad llevaba unos fuertes analgésicos, que nunca usé desde la última hospitalización, a él le serán más útiles. Terminamos el agua, y saciados, vamos a por su caballo.

- ¿Cómo se llama su caballo?
- Caballo,caballo se llama, cómo va a llamarse peh...

Un manso y chiquito caballo negro, bien lindo, está atado a lo lejos y comiendo pasto. Me cuenta que tiene de tooodo, montura, etc. Al llegar, el caballo no tiene más que una cuerda alrededor de la cabeza. Le ayudo a montar. En un propio intento de despedirme, al que él no está acostumbrado, le digo:
- Francisco Muñoz...
- ¡Chávez!, - me espeta, terminando la frase, su nombre. - Por abajito ahí derechito por el caminito baja...Ya joven ya...

Y marcha, sin más. Me quedo paralizado mientras lo veo alejarse, lento, con su caballito. Su señora está preparando merienda. Tarda dos minutos en desaparecer tras la siguiente colina. La imagen de él  alejándose de espaldas a mí, desapareciendo entre las chacras al atardecer, nunca se me olvidará.

Mañana todo el día hasta Chachapoyas, carretera dura donde las haya. Si no doy señales en unos días, preocúpense. Cuentan que en Chachapoyas hay una fortaleza de hace 2000 años, del nivel de Machu Picchu, que me muero por conocer. Veremos.

jueves, 19 de enero de 2012

Rumbo al norte peruano

Pisco sour y me despido de Lima. A la cama, que me lleva hasta los 3100 msnm de Huaraz. Duermo como un lirón, sólo que los ómnibus tienen la mala costumbre de durar ahora "sólo" 8 horas, y llegar a las 6 de la mañana a destino.
Dormidísimo, me ubico y acomodo en Huaraz, ya la altura no me sienta nada mal. Huaraz, capital de Ancash, es una ciudad horrenda y tranquila en un valle espectacular, el callejón de Huaylas.

Esa misma mañana, en una carrera de aprovechamiento de tiempo, salgo hacia el norte del "calleón", como lo llamaría Hernando Pizarro. Caruaz "la borracha", la amarilla, pueblito sencillo y pintoresco situado en el eje de este valle alargado. Me acerco al guía, que tiene un acento extraño, muy extraño, pero que me resulta tremendamente familiar.

- Oye, tú has vivido en España, ¿verdad?
- Sí, - me sonríe - pues es que tengo un acento que no se me quita, tío.
- ¿Y adónde?
- Pues por muchos lados, pero sobre todo en unos pueblitos de alrededor de una ciudad que se llama Valladolid, no creo que los conozcas...

Me río a carcajadas, el flaco se la pasó en mil sitios, principalmente Serrada, La Seca, etc. Ahí surge una complicidad y una imparable conversación de intercambio de impresiones y experiencias. Aparte, Juan José es un muy buen guía que no sólo explica bien sino que amplía muchas informaciones, habla de historia antigua y reciente, de la situación social del lugar, del medio ambiente y el impacto minero. Más aún, conciencia al turista del respeto a las gentes del lugar y a la biosfera.

Apuntar que de camino a Yungay avistamos hacia el oeste, bien alto, sobre la cordillera negra, casi cubierta por nubes, la segunda mina más grande del Perú. Oro, plata, cobre. Recién se descubrió más de lo mismo, y uranio. Podría ser la siguiente Conga, y probablemente el mayor yacimiento aurífero del continente. Mi amiga Barrick Gold, otra vez. No se pueden visitar las minas, al igual que Yanacocha, en Cajamarca. Si lo haces, a través de contacto, hay una hoja de ruta de lo que no puedes hacer, decir ni preguntar durante la fugaz y tímida visita. "A los cholos los tratan como ratas en la mina", escuchaba, literalmente, hace unos días, de la boca de una autoridad conocedora. Igual no fue ninguna información nueva. Pero seguimos apáticos. Al regreso, de noche, veríamos ahí arriba las luces entre las nubes, en lo que se presentaba un lugar inhóspito. La mina es a cielo abierto, trabaja 24 horas. Me quedo con las desagradables ganas de subir a conocer la verdad. Por lo menos, Juan José me informa mucho, me ve interesado.

Llegamos a Yungay, pueblo que fue tristemente famoso en 1970, tras el terremoto de 7,8 grados que desprendió un increíble alud desde el Huascarán, el pico más alto del Perú, y que en unos minutos alcanzó el pueblo y lo sepultó. Desaparecieron entre 20.000 y 30.000 personas. El desnivel es de los 6768 msnm del pico hasta los 2400 de Yungay, en sólo 14 km. de distancia horizontal. Unas 30 personas alcanzaron a tiempo el campo santo, un cementerio elevado. Otros 150 niños y sus adultos habían ido aquella tarde al circo, que está resguadado, y sigue, de aludes desde la montaña. Ambos grupos sobrevivieron, y vieron cómo su pueblo quedaba cubierto por la materia de la asesina cordillera Blanca. Entre los daños no materiales se encuentra el trauma mental-personal de estos supervivientes, que vieron desaparecer de la faz del valle su pueblo.


Hoy Yungay es un pueblo de 15000 habitantes, casi completamente nuevo, construido sobre el alud, que a su vez está sobre el antiguo pueblo.


Desde esta dirección vino aquel alud, tras las nubes se encuentra el nevado Huascarán.


Partimos hacia la quebrada de Llanganuco. Toca subir hasta los 3850, entre unos espectaculares andenes y una zona bien próspera en cuanto a agua y cultivos se refiere. Bien bella. Penetramos en la cordillera blanca, hacia el este, entre unas caídas casi verticales, de granito, imponentes.


Llegamos a la laguna Chinancocha (laguna de la mujer), tan elevada como el Titicaca. El lugar, la profundísima quebrada, el Huascarán que a veces asoma entre las nubes propias del verano, y el azul turquesa de las aguas de la laguna.


Evidentemente, termino bañándome a pesar de la altura, todo un placer.


El Huascarán a veces asoma, hay que venir en invierno, cuando está más despejado.




Volvemos, almorzamos, visitamos Caraz, similar a Carhuaz, y todo rumbo sur, regresamos a Huaraz. Yo estoy agotado, hace 24 horas estaba en Lima al nivel del mar, y rompo la cama, aunque la altura no fue hoy un problema.

Salimos, en este ritmo frenético, hacia Chavín de Huántar. Hoy toca arqueología. Pasamos entre aldeas y lagunas de este calibre. Son 4 horas de viaje.


Cruzamos tunel a los 4516 msnm, y descendemos dentro del valle de Conchucos, nuevo valle. Esta zona vio crecer a otra de las culturas preincaicas, de las más antiguas de América, hace casi 4000 años. Los Chavín.

El yacimiento se sitúa ya en ceja de selva. Mucho que describir acá, como el emplazamiento, la geometría, la significación del posible uso del metro, siempre en múltiplos de 7, o 7 escalones, etc. Un increíble entramado de galerías y pasadizos laberínticos entre piedras milenarias, gran capacidad de defensa, tallados en la piedra, y una arquitectura que, puede observarse, fue evolucionando incluso dentro del mismo muro, hacia una construcción antisísmica y sin argamasa, que milenios después se observaría en el imperio inca.




Escalera de la serpiente.


Muros de fortaleza Chavín.


La simetría de construcciones y la simbología de cada lado sugiere una probable igualdad de género. Las columnas están talladas con increíbles representaciones entramadas de hombre, la columna derecha, y mujer, la izquierda. Los personajes se mezclan con el puma, el cóndor, la serpiente.



Lo más representativo de la cultura son las piedras clavas, en este caso cabezas clavas, empotradas magistralmente en los muros. Hoy queda una sola en su lugar original.


Un muy buen museo de sitio, con apoyo de la embajada de Japón, termina de explicar la cultura.


Conchas talladas que vienen, sorprendentemente, de las costas del actual estado de Ecuador. El tallado es asombroso.


Cabezas clavas recuperadas.



Trabajos de investigación tras el descubrimiento, un siglo atrás.


Tras un día increíble de arqueología, es sábado y Huaraz está en ebullición. Yo me reservo, por múltiples motivos, para la ascensión de mañana.

Salimos bien pronto, todo ascenso, hasta el comienzo del sendero hacia el glaciar Pastorruri, a 5000 msnm. En la ruta, vegetación única, aguas eferverscentes, pico imponentes.



Un tranquilo paseo hasta el glaciar resulta no ser demasiado duro. Hay ventisca y falta el aire, pero al llegar arriba el paisaje, con su laguna y su glaciar, no tiene que envidiarle nada a otras cordilleras.


Glaciar Pastorruri:



De regreso a Huaraz, con tiempo, llueve que da asco. En buena compañía, esta vez europea, empaco y me las tomo hacia la costa norte. Llego a Trujillo, una vez más, a las 6 de la mañana. Paseo y rememoro su hermosa plaza de armas, y un "folclórico" desayuno en el mercado central. Hoy toca más arqueología.

Por la mañana, las huacas del Sol y de la Luna, ésta última bajo el sagrado Cerro Blanco. Estamos en zona de la cultura Moche/Mochica, entre el 200 y el 800 d.C. Estos hallazgos están siendo investigados desde hace poco, pero son enclaves sagrados y urbanos para caerse de culo. Los falsos/modernos nombres de "Huaca", así como el caso de "Sol/Luna", designan dos increíbles pirámides truncas escalonadas de adobe. La Huaca de la Luna resulta ser la quinta pirámide, pues se construían una sobre otra según una cierta periodicidad, que podía responder a los 80 años.


Cerro blanco.


Muros originales de la Huaca de la Luna, zona santuario.



Zona urbana de la antigua ciudad de barro. Al fondo, entre cerros y la costa, Trujillo, la tercera ciudad más grande del Perú.


Zona urbana, en excavación.


Avistamiento de la Huaca del Sol.


Huaca a los pies del Cerro Blanco.


Increíbles muros de la Huaca de la Luna, cargados de una simbología que sugiere una marcada jerarquía social, además de otras evidencias que demuestran el sadismo y el gusto por la sangre y los sacrificios de esta cultura.


Incluso a pesar de esto, lo más increíble de esta cultura resulta ser su producción cerámica, admirable en el museo de sitio y en el museo Larco de Lima. Fueron los verdaderos genios de la cerámica, e incluso de la orfebrería.  Demasiada producción expuesta para cargarla aquí en fotografías. Resaltar que tanto los moche como sus sucesores, los Chimú, resultaron ser civilizaciones ágrafas, que no escribían, y es la cerámica y la escritura geroglífica en muros y huacos las que desvelan la forma de vida de las culturas.

Perplejos, paseamos por Trujillo, que resonozco tras casi 13 años sin volver. Tiene una increíble plaza de armas herencia de la colonia española. Fue fundada en 1543 por Diego de Almagro en segunda fundación, tras la de Pizarro.





A la tarde visitamos Chan Chan, la mayor ciudad de adobe del mundo antiguo, con 28 km cuadrados. Sólo es visitable la 9° de las 10 ciudades, Ni Kan, de las más pequeñas y tardías, la única visitable. Trujillo se sitúa hoy (gran tradición española, la de sepultar ciudades antiguas bajo las suya) sobre la impresionante Chan Chan. En la costa norte peruana, uno de los 6 focos mundiales de civilización humana, uno escaba un poco y encuentra elementos antiguos. Hace 2 años, instalando tuberías bajo la plaza de Armas, aparecieron cerámicas, por poner un ejemplo.


Barriadas de Trujillo, desde las ruinas, a las faldas de los cerros.


Templo del "Arcoíris"


Simbología sobre adobe, original a la izquierda, restaurada a la derecha.


Foto representativa de la ciudad de Ni Kan. El adobe se asemeja a cualquier concreto-hormigón sencillo de hoy en día.


Me desligo del grupo, con una tarde preciosa me regreso a Trujillo, así no pierdo el bus. Huanchaco y sus caballitos de Totora tendrán que esperar. Por las justas agarro mi bus rumbo norte, a Pacasmayo. De camino, por la costa, un regalo de atardecer, de esos que tiene la costa pacífica americana.


Llego a Pacasmayo y abrazo al Zambo. Paso varios días descansando, reflexionando y devorando libros. Ah, y conociendo un curiosísimo pueblo, santuario de las construcciones de madera del siglo XIX, con su club social, enviado prefabricado desde San Francisco, su puerto con vías del tren, estrenado justo antes de la guerra del Pacífico y plagado de dinamita por Chile; la estación de tren, al mejor estilo londinense, etc.

Acá todo es más tranquilo y seguro, y puedo disfrutar de su playa pedregosa, antes de seguir rumbo.

Habría más atardeceres sobre el mar de regalo.




Hoy salgo para la sierra norte, a Cajamarca. Veremos qué nos encontramos allá, en todos los sentidos.