Sentimientos enfrentados iban y venían. Pero era una elección propia, tomada por mí. Dejé Buenos Aires aquella cálida tarde de final de primavera.
Prematura, temporalmente.
Me despedí y al atardecer subí a aquel ómnibus a Luján, 70 km al oeste de Capital Federal, por la ruta 7. Desde ese momento quise engañarme y hacerme creer a mí mismo que volvería "mañana mismo" a esa ciudad que amo y que odio, escenario de maravillosos y horrorosos momentos, testigo de mi crecimiento vertiginoso. Así que me senté sereno en el asiento de las embarazadas, con mis bultos. Y evité pensar demasiado, limitándome a observar, forzadamente, sin un ápice de melancolía, la salida por Santa Fé, luego Cabildo, luego el temido cruce con General Paz, luego circunvalar por ésta, luego parte de la Panamericana....entre eventos incluso graciosos, mi frialdad llegó hasta Luján, dos horas más tarde, hasta la plaza de la famosa basílica.
Allá, como un peregrino más, esperé a mi amigo Ale Marandet, 5 del equipo de fútbol ITBA. Cené con su familia, una noche más para ellos, un día decisivo para mí. Me trataron genial y pude despedirme con un buen empacho de empanadas, como a todos nos gustaba. Luján es un "pueblo" de varios cientos de miles de habitantes, creo que 300.000. Miles de perros vagabundos lo pueblan. Hace un mes fue el peregrinaje anual a la basílica más importante de la república, la patrona de la misma, Nuestra Señora de Luján. Todo un evento del que no he participado. Luján será otra cosa para mí.
Ale me saca a tomar una birra. Aquí comienzan, continúan, mis semanas durmiendo un promedio de 4 horas diarías. 6 AM, suena el despertador. Desayunamos. Caliento agua, cargo el termo. Esto último será crítico para el día de hoy. Me despido de la amorosa familia, toda una muestra de familia media de provincia. Ale me acerca a la salida de la ciudad, donde engancha el acceso oeste que viene del norte, que a unos kilómetros enlaza con la ruta 7, que va hasta Chile vía Mendoza. Me despido de mi último amigo en esta provincia. Gracias. Camino hasta la autopista, ahora sí, con la casa bien a la espalda. Me coloco, sonrío, tomo aire...y levanto el dedo derecho desde la banquina. Tardan 10 minutos en levantarme.
- Pa dónde vas.
- Por la 7, hacia Mendoza, ¿vos?
- Subí, te puedo acercar hasta Carmen de Areco.
- Dale.
Me encuentro tomando mate con un flaco que transporta pienso para pollos por diferentes granjas de la inmensa provincia de Buenos Aires.
- Tengo que hacer un par de paradas, pero yo te llevo, quedate tranquilo.
Al rato, me encuentro en una granja, conversando con el granjero. Varias decenas de miles de cabezas de pollo. Soltamos 18 toneladas de pienso. Converso con el gaucho, esto sí es inmersión, me digo. Me cuenta cómo ve la situación política para él. Me pregunta curioso a cuánto se paga el pollo en capital.
- Mirá, la semana pasada compré uno completo, sin cabeza ni patas. Entre 20 y 50 pesos, salen.
- Vos fijate: yo vendo el pollo a 1,40 mangos...¿qué te parece?
Nos despedimos, y mis nervios se van apaciguando, la conversación con mi primer salvador del día es más fluida...pero a la media hora me encuentro subido en lo alto del camión, en otra granja, mucho más rústica, moviendo el pienso hacia el sinfín con una pala...esto sí que es inmersión, me repito, cagándome de risa, esta vez. Aprendí en un día cómo se cuidan tantos miles de pollos: calefacción, ventilación, sinfines de grano, goteadores de agua, revisar cadáveres, desinfectar ruedas de vehículos... Ahora sí, mi primer héroe me soltó en una gomería (arreglan gomas, neumáticos, para camiones; aclaración para los obscenos como Alfonso y como yo).
Mi paciencia y yo, tras recorrer 70 míseros km. en 3 horas (y haber aprendido una barbaridad), nos plantamos en la banquina, tras una raqueta. Sonreímos a camioneros, furgonetas, autos...puta madre, sonreímos a bicicletas! pero se me para una moto a preguntarme que le muestre mi mapa...(MAPA! básico para el autoestopista!). Durante una hora me trago el huracán de viento que traen tras de sí los mega camiones cuyos conductores me hacen señal de no poder de ninguna manera levantarme...y yo tragando su polvo, su suciedad...incluso uno, cual película que busca el patetismo de su personaje, derrapa durante 20 metros ante mí, y me morfo todos su efluvios de combustión de caucho...ñam. Parece que quisieran derrocar cualquier intento de autoestima.
Salía un gigacamión de la gomería. Me pita a mi espalda, parece simpático. Me saluda, este me acerca a Chacabuco. Si lo jodido es salir de provincia, pasar Junín, entrar en la provincia de Santa Fe...después, ya será más fácil! Aúpa. Néstor, encantado, yo Alejandro. Simpatiquísimo. Me acepta mate.
- De a poquito, vas a ir llegando a Mendoza...
Hablamos de lo mismo, de quién es quién, de los sindicatos, de la vida de carretera, de ingeniería, de Argentina, de adónde voy, adónde voy después, de Europa...de la carretera! No se creen que voy para Lima, que voy a seguir...todos se echan las manos a la cabeza. La conversación protocolaria que se repite, pasa, me cuenta sobre su hija, primera en el secundario. Tiene una tez morocha, ojos azules, 50 años, parece buena gente. Me habla de la carretera, a ninguno nos molesta: me cuenta las desgracias sádicas que ha llegado a encontrarse en la ruta. Las paradas que ha tenido que hacer, las vidas que ha visto marchar. Me deja helado. Este país depende completamente del asfalto... Quien no tiene cuidado, juega con fuego, quien no se concentra para manejar, lo paga bien caro, y ni siquiera basta con manejar bien. Obviaré detalles. No recuerdo en este momento qué porta este en su carga,otras tantas toneladas. Ahora va vacío. Regresa a casa. Madruga a las 3, termina la jornada a mediodía..y vuelve a casa. Me suelta en Chacabuco. Un gusto, capo, hasta pronto, gracias por todo. Gracias a vos. Acá en la estación te van a levantar pronto, además podés bañarte, comer, cargar agua caliente... Hago esto último, me meto fruta, jugo, y paso a ver al famoso entrerriano de los choripanes que Néstor me recomienda, conocido por todos los camioneros de la ruta 7. Ha debido de caerse un mito, porque me suelta un caro y minúsculo choripán, que merendaré dentro de 5 horas.
Puta madre, voy a tener que repetir este protocolo como un loro cada 70 km!!Así llego a Santiago cuando me salga barba, que ya es decir. "De a poquito vas a ir llegando", me recuerdo, me repito. También opina mi Pepito Grillo que debería homogeneizar mi discurso de presentación, mi historia. A veces soy peruano, otras argentino, otras español; unas llevo 5 años en Bs As, otras nací en Villa Urquiza...y eso provoca una tensión estúpidamente provocada ante el miedo de soltar datos incoherentes con la vida recientemente inventada. Así que...comenzaremos por la verdad, por sentirnos cómodos por ella. ¡Quedan más de 700 kilómetro! Y horas...ni se sabe.
La misma vaina, levanto mi pulgar, muestro mis bultos, sonrío patéticamente, muestro el termo para evidenciar que cebo mate, me pongo el turbante para mostrar que me quemo, para dar pena.... Pero qué pasa, acá en la estación no funciona nada! Tras 20 fracasados minutos (recordemos que no soy una morocha espectacular 90-60-90, pero ya contaba con ese déficit), pasa un pibe gritándome. "Viejo, andate a la rotonda, acá nadie te va a levantar!". Ahora entiendo que todos los camioneros me indicaban con las manos hacia adelante, antes de pasar de largo. Además, estos argentinos le llaman rotonda a cualquier cosa...así que agarro mis cosas, avanzo medio kilómetro, peso 100 kilos con todo. Me ayudan por el camino, me indican cómo llegar a las casas de "señoritas que reciben a camioneros cansados de la ruta". Mejor pruebo primero la "rotonda". Es una rotonda de verdad. Levanto el dedo vagamente mientras avanzo. Donde pensaba pararme, a la salida de la rotonda, un camión me ha quitado el sitio. Busco al conductor, lo conozco por las zapatillas, por debajo, al otro lado del vehículo. Está comprobando las gomas, golpeándolas con un bate de madera. Lo persigo, doy una vuelta estúpida completa al camión. Lo agarro con la última goma, nervioso, comienzo.
- Che, capo, mirá, estoy viajando hacia Mendoza, por la 7, viste, y hace rato que estoy parando a ver si alguien me puede llevar... ¿vos me podés...?
Me escanea de arriba abajo, de abajo a arriba. Me mira serio, muy serio. Hay casos penosos de mochileros robando a camioneros. Me interrumpe:
- Sabés cebar mate
Me río, - Sí, claro, tengo...
- Arriba. Dale, subí.
- P, pe, pero...
- Subí, subí....Armando.
Me extiende su mano. Robusto, gastado, petiso, barriga, 50 años, gorrita, pantuflas, campechano, dos dientes...podría haber sido sacado de las mismísimas rutas castellanas. Éste fue mi héroe del día de hoy, el grande, el tercero. Me estruja la mano. "Alejandro, un gusto", respondo apurado.
Esta cabina es un hogar por dentro. Suelto mis bultos en la cama que todos tienen tras los asientos. Entre piloto y copiloto hay un universo de galletitas, herramientas, yerba mate, agua dulce, pava y garrafa de gas, bomba de aire, y un eterno etcétera. Frente a nosotros, lo que uno encuentra en el salpicadero y en el techo equivale al salón de cualquier familia media. Atrás, adredón y cojín del C.A. Indepenciente.
La conversación se vuelve super densa, comenzando por lo básico. Armando lleva 45 toneladas de carga. La Serenísima (lechera principal de la Argentina, de dueño sospechosamente mafioso), donde hace mil años que trabaja. Los mil anteriores los dedicó a La Chevalier, empresa de transportes de personas. "Como mi viejo, mis hermanos, mis tíos, y mi abuelo". "Hace 32 años que estoy en la ruta...". Parece que conoce más que nadie la carretera Argentina. Cuando se pasó a transporte de mercancía, comenzó cubriendo la ruta Buenos Aires - Ushuaia, i/v por semana. Tiene 7 millones y medio de kilómetros de experiencia. Conoce toda la Argentina. Me cuenta de su familia. Su viejo murío joven, con él, por un error, estando reparando su vehículo, cuando se soltó el freno de mano. Su mujer. Sus 4 hijos, sus últimas 2, mellizas, las mejores del grado. Su nueva nuera, paraguaya, a quien están ayudando con la casa. Su vida matrimonial...parece que todos los de la Serenísima son de Rodríguez Peña, otra localidad de provincia de Buenos Aires.
Cuando pasamos el ansiado Junín, a pocos km de salir de esta interminable provincia, ya se ha creado toda una convivencia en esta cabina. La verdad que nunca había escuchado tantas anécdotas y experiencias seguidas, y me resultan imposibles de relatar todas. Él me dice que no quiero que me cuente las cosas feas que él ha visto en la carretera en estos años... "querés que te cuente cosas tristes...y sí que he visto cosas triste, horribles...". Pero cambia de tema. Casi me obliga a cebar mate, yo voy por el cuarto termo del día, hace muchas horas que no como, porque el mate quita el hambre...y estoy HIPERactivo, tengo más mateína que leucocitos en vena. Claro, no paramos de hablar. También arregla todo tipo de vehículos, en la misma ruta. Con este currículum, le ofrecieron un supepuesto en España, lo adoraban. Para llevar carga semanalmente a Pensilvania. Meneando la mano, riéndose, mostrándo su desastrosa dentarura, carcajea
- ¿Qué mierda querían que llevara...toneladas de ajos al conde Drácula, boludo!?
Y así, sin parar. Nos contamos mil historias, aunque es difícil impresionar al viejo este, la confianza va en aumento, me habla de otros mochileros que llegó a llevar. Me tiene como el mejor, tras unas horas conociéndonos. Con esta carga, vamos a 80 km/h de máxima... ¿El paisaje? Pampa, soja y maíz. Punto. Verde hasta el infinto. Siempre rumbo al oeste, ligeramente al norte. Entramos en el sur de la alargada provincia de Santa Fe. Antes de abandonarla, a media tarde, paramos en Rufino. Un pueblito. Visita a sus contactos de allá. Un hangar, un taller, y un gordo que tiene grasa hasta en las pestañas, tanto biológica como negruzca, de los motores. Da la apariencia de que este loco arregla lo que le pongan por delante, en un periquete. Es el mejor, me indica Armando, antes de ingresar. Me presenta a la banda de tirados que esperan un tractor o camión averiado. Caigo bien, hablamos de España, el gordo desde su silla me pone a prueba, tras decirle que estudié algo de motores. Respondo bien, y el a su vez, mejor:
- Armando, a este chico me lo vas a prestar....- a mí ahora - Vos avisame cuando volvás a pasar por acá, y te quedás una temporada...laburás para mí y yo te enseño a desarmar y arreglar cualquier cosa.- La verdad el trato suena genial, y entre herramientas, émbolos inmensos y pósters de tractores con mujeres modelo paso a un cementerio de tractores, donde me siguen mostrando los milagros que hacen, dando vida a vehículos que hace tiempo la habrían perdido definitivamente. Volveré para hacer mi retiro y volverme un manitas, si tengo la oportunidad. El lugar, no podría ser más pintoresco, más realista. Ah...la praxis del ingeniero, gran carencia. Nos despedimos, el equipo, de los viejos que hablan de infidelidades y el último asesinato en Rufino, un hombre degolló a su mujer y a su hija anoche.
Armando y yo proseguimos ruta, más anécdotas, termino acostumbrándome a que sean capaces de manejar, adelantar, cebar mate, escribir un sms y conversar, todo a la vez. "Quién no va a escribir un sms en 24 horas de viaje...", se queja. Compartimos todo, comida, galletitas, líquidos, el aire, bien acondicinado. Le hago unos sandwiches, dos para cada uno, con un cuchillo que da miedo.
- Escuchame, Ale - me va tomando cariño - yo voy tranca porque tengo para llegar mañana a las 13 hs a la planta de Mendoza, por lo que me tiraré a dormir en algún lado. Mi compañero, el gordo Ale, va tras de nosotros, medio a los pedos, porque tiene que estar mañana a las 8 AM, y salió tarde por un problema del abastecimiento en Rodríguez...cuando nos adelante, le voy a preguntar, y te pasás donde él. - Le escribe un sms. La respuesta del gordo Ale es: "está limpio?". "Sí. Ceba mate y habla por los codos, te sirve?". Ya me vendieron bien. "Pasa que hay cada mochilero chileno que viene sin bañarse, y es una baranda boludo...", me explica.
En algún momento del sur de la provincia de Córdoba atardeció, eché una cabezadita de media hora, no se molestó, y tras un peaje en que nos leyeron peso por eje, nos paramos, esperando al resto de la flota que va para Mendoza y San Juan, más allá, en pleno desierto. Este Armando es el capo de la flota La Serenísima, parece. Amado por sus colegas y su compañía. Lleva todo un equipo de cocina detrás. Suelen ir en grupo, alejados unos kilómetros, y parando a cocinar y almorzar juntos. Mientras esperamos a los 3 que se nos unen en la parada, incluído el gordo Ale, calentamos agua, para que pueda seguir cebándole a Ale. Me sigue contando anécdotas espeluznantes. Una llamarada invade la cabina, la garrafa/bombona de propano quemó la gomita de la tobera de salida, salgo disparado de la cabina. "Tranquiiiilo, gashego...", corta el gas, la desarma, y la arregla, así de fácil. Porta gomitas para la bombona, ¿qué les parece? Según dice, ha luchado contra bombas de aceite y vívoras en el mismísimo desierto de San Juan, que no perdona...
Llega la tropa. Veo una sombra inmensa bajarse del camión que nos estaciona paralelo....sombra que se transforma en el gordo Ale, de 33 años. Nos presentams, aunque ya nos conocíamos, me han contado bastante de él ya. Otros 2 llegan al toque. "El ya gashego habla como uruguasho", se ríen de mí. Hablamos del Real Madrid y del Barça, de mi ruta, y se sumergen en su rutinaria pero apasionada conversación sobre los sucesos del días (más de un loco que no has adelantado) y de cómo fue el viaje, hasta la más minuciosa anécdota. Me da hasta pena despedirme de Armando...pero le tomo el número, y el del gordo Jorge, el mecánico, también. "Ale, un gusto. Cuando quieras viajar, me avisás y coordinamos...ya sabés. Que llegues genial a ver a tu familia". A estas alturas, se sabía mi vida (la de verdad), y yo la suya. Han sido 8 horas... Son las 23 hs. Subo mis bultos donde Ale. 22 toneladas de lácteos, 100 km/h. Arrancamos la caravana.
Ale es todo un tema, un pillo que dirían en la Meseta. Nunca le gustó estudiar. A los 15 se metió en la ruta. "Manejo, llevo lo que me piden, despacho...soy feliz así, no me quejo". Otro de Rodríguez, Buenos Aires, donde está La Serenísima. Me pregunta mucho, nos comenzamos a reír de las anécdotas que alternativamente nos relatamos. Me habla de su mujer, y de su amante, una ex novia. Sus dos celulares, su doble vida. Su vida de transportista. Estuvo 10 años despachando en ciudad de Buenos Aires. Entraba a las 4 de la mañana en todos los barrios, en la villa 31, en la 21...ya olvidó la cantidad de veces que le robaron, que lo encañonaron con gran variedad de revólveres. Viejos, jóvenes, niños, y unos cuantos policías... Al entrar en la 31, durante una larga época, rara vez no se le subía 10 'micos' al camión, parándolo. 10 pesos a cada uno y un dulce de leche, parece ser que los calmaba. Otras veces, abajo, y de espaldas, contra el camión. Se siente agusto contándome qué le gusta, sus hobbies. "Me gusta la cumbia, me gusta la joda, tomar, verme con mis amigos...". Durante nuestra conversación, en paralelo, conversaciones con su "señora", como él llama a su esposa, igual que todos, y decenas de sms con su amante. Parece que consigue mantener esa doble vida sin tener laspsus. La mujer me pregunta que qué me lleva a hacer el viaje 'así'.Mmmmm....pienso antes de responder. "Primero, las ganas de conocer más, segundo, que tengo el tiempo, tercero, la filosofía del viaje, cuarto, la plata". Les contenta mi respuesta.
Armando lo metió en la empresa, le enseñó mucho de lo que sabe...es el Tito, el capo, el padrino de ellos...se ayudan mucho. También lo sacó de varios apuros. Ahora viaja sólo por algunas rutas de la Argentina, le gusta su trabajo. Yo estoy que me caigo, pero al pasar por Villa Mercedes, ya dentro de la provincia de San Luis, me explica de qué va. "La capital de las putas". Tras los 10 km de travesía interna, va contándome cómo funciona. "Esas están ahí buscando, ese es trolo, ese también, esa es una máquina...allá al fondo hay un paradero, te atienden bien...Ahora porque voy medio jugado, no da". No sé qué estúpida consulta técnica le hago, a lo que me responde "no...no hace falta que subamos a dos...una basta. Les gusta la fiesta, no sé si me entendés". Tras este cruce surrealista, Almodovariano, todo un retrato social, seguimos ruta. Comienzo cabecear, así que se hace un mate él solo, mientras yo procuro no darle forma final a mi cuerpo en "L", ya que los asientos de camiones son a 90º, y sanseacabó. Me duele todo,pero encuentro la postura con los pies en el salpicadero....y caigo a dolorosos intervalos de 10 minutos.
Me despierto estrepitosamente. El primer eje trasero se quedó bloqueado en posición baja, derrapando la rueda a estas velocidades. Son las 2 AM, y al detenerse, apresurado, la nube tóxica de neumático consumido nos adelanta y nos ahora. Ale se baja rapidísimo, apaga el fuego. Suerte que fue el eje móvil, si no acá nos quedamos... Un susto hasta para él. Yo no puedo moverme del cansancio, pero el aire se hace insoportable, contaminadísmo. Los siguientes 10 km con ventanas abiertas. Para no dormirse, el aire acondicionado a tope. Yo abrigado con guantes, buzo, turbante...el tipo flipa conmigo, pero es su camión. En algún momento, por tener 4 horas de margen, se detuvo a dormir, yo seguí a lo mío, y me desperté, disculpándome, cuando el cielo no era completamente oscuro.
Estoy hecho mierda, pero al abrir los ojos veo a Ale con los suyos rojísimos, semicerrados, semiabiertos, tomando mate como si fuera 'matedependiente'. Me mira, me sonríe, y comenzamos a conversar, aunque yo lo hago por la responsabilidad de no haberle dado charla las últimas horas. Ya es todo desierto, pero pronto será todo viñedos, y el paisaje de la Ribera del Duero se calcará fielmente en las cercanías de Mendoza. Compartimos galletitas, los mensajes de su amante siguen. Me va explicando que vamos bien pero justos de tiempo, que me deja en Maipú, antes de Godoy Cruz. Pofale, qué le voy a decir. Salió el sol, por el retrovisor, espectacular. Comienza a verse la cordillera de los Andes, naranja, cien kilómetros más allá. La conversación no para, desayunamos mates...no sé qué más contar!! si podría estar relatando detalles otros 10 párrafos...
Viajar "a dedo" es de lo mejor que he podido elegir hacer en la Argentina, ojalá lo hubiera hecho antes y más a menudo. La filosofía del viaje es completamente otra, la inmersión en el interminable y desconocido mundo de la ruta es definitiva. Hay que viajar sin apuros, y lo más importante, con los sentidos y los poros bien abiertos, atentos y despiertos, para lo que pueda pasar, para lo que uno pueda observar, aprender. Argentina es el país, junto con Uruguay y Chile, más seguro para hacer autostop y en el que más se practica, por muchas razones. Es seguro, casi no se han registrado incidentes, y cada día son miles las personas que hacen dedo en muy variadas condiciones por todo el país. También es seguro para mujeres, hasta donde yo sé. De hecho, viajar el doble de rápido, las esperas son mínimas, comprobado por testimonios de ambas partes. Importante: llevar mapa, termo cargado con agua caliente, yerba, mate, bombilla, algo para el sol, una pastilla de jabón por las dudas...y más, pero lo imprescindible es eso. Y lanzarse hacia tu rumbo, siempre hacia adelante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario