Puede ser sólo un nombre.
Dejé Jesús y Cajamarca, y lo que comenzó como un día febril y torpe se transformó en una linda inmersión en la chacra andina. 3 horas de sinuosos caminos con precipicios avanzan hasta Celendín, provincia del departamento de Cajamarca, que queda en dirección a Chachapoyas. Llego mareado a este pueblo de mierda que más parece el núcleo chiquito de una ciudad contaminada y muy comercial. Acá no hay un carajo que hacer, y hasta mañana en la mañana no salgo para Chachapoyas. Pero a lo lejos, o mejor dicho, en lo alto, las chacras, silenciosas, me llaman bajo ese bello sol y nubes que tiene esta zona, la llamada sierra norte. Así que agarro y me mando, paseando entre chacras, ganado y arroyos.
Horas pasan en silencio, sólo el viento, el mecer de los cultivos y los ecos a lo lejos de los campesinos "lampeando", saneando la tierra de malas hierbas. Cebada, frejol, choclo, papa, haba... entre colinas y cerros verdes y más verdes. Paso entre casas, me saludo con las gentes. Es cierto que esta zona es menos pobre, o mejor dicho más próspera en cuanto al cultivo, que las sierras centrales, pero no, esta gente vive en un profundo aislamiento y su nivel de pobreza es bien acusado. Abajo, se ve Celendín, que no superará los 4000 habitantes.
Me cruzo al último campesino...se detiene. "A ver, joven, deme conversación". Está machacadísimo, 67 años y no para, hace lo mismo desde hace décadas. Una linda conversación, de idioma poco inteligible, con una gran componente de choque cultural por ambas partes. Ya va a lampear, lo acompaño, y claro, le ayudo, apenas puede mover su cadera. "Yo nací en el 45". Ya cuando me dispongo, termino por arrancarle una planta de frejol, que había confundido con una hierba...nadie me avisó de que entre maíz y maíz a veces intercalaba frejol... se ríe, me dice, agarra la lampa y sigue.
Ya se hace tarde, nos sentamos a descansar mirando el impresionante valle. Suerte que de casualidad llevaba unos fuertes analgésicos, que nunca usé desde la última hospitalización, a él le serán más útiles. Terminamos el agua, y saciados, vamos a por su caballo.
- ¿Cómo se llama su caballo?
- Caballo,caballo se llama, cómo va a llamarse peh...
Un manso y chiquito caballo negro, bien lindo, está atado a lo lejos y comiendo pasto. Me cuenta que tiene de tooodo, montura, etc. Al llegar, el caballo no tiene más que una cuerda alrededor de la cabeza. Le ayudo a montar. En un propio intento de despedirme, al que él no está acostumbrado, le digo:
- Francisco Muñoz...
- ¡Chávez!, - me espeta, terminando la frase, su nombre. - Por abajito ahí derechito por el caminito baja...Ya joven ya...
Y marcha, sin más. Me quedo paralizado mientras lo veo alejarse, lento, con su caballito. Su señora está preparando merienda. Tarda dos minutos en desaparecer tras la siguiente colina. La imagen de él alejándose de espaldas a mí, desapareciendo entre las chacras al atardecer, nunca se me olvidará.
Mañana todo el día hasta Chachapoyas, carretera dura donde las haya. Si no doy señales en unos días, preocúpense. Cuentan que en Chachapoyas hay una fortaleza de hace 2000 años, del nivel de Machu Picchu, que me muero por conocer. Veremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario