Dejé Perú por la Panamericana norte, pasé Aguas Verdes, entré en la caótica Huaquillas tras cruzar el puente internacional, siempre tan comercial. Seguí hacia Migraciones de Ecuador, que queda kilómetros más allá, salí de Huaquillas cuanto antes.
Del control migratorio seguí a Machala, hora y media con bananeros a izquierda y a derecha, con una lluvia tropical, de esas a 25 grados que te hacen transpirar aún. Busqué mi ruta para Quito, paseé, hice algunas impresiones en papel, cené como un animal, y tomé aquel bus que, por 8 dólares, me llevaría en 11 horas a la capital ecuatoriana. Las carreteras del Ecuador son, por lo visto, de mucha calidad. Salí de Machala con 30 grados de noche, ahogado de calor, en pantalones cortos y camiseta sin mangas, con la ventana abierta todo el trayecto...me despertó el frío de los 2800 msnm de Quito, a las 5 de la mañana, llegando, apenas aclaraba. La entrada en Quito duró tiempo, al llegar solucioné el tema de la vestimenta, desayuné e hice una llamada.
La "tocaya de mis viejos" me estaba esperando, me indicó cómo llegar por las calles de esta ciudad, herencia colonial donde las haya: sigues por Diego de Almagro, cruzas Colón, llegas a Foch, doblas en Madrid, pasas Toledo, doblas en Valladolid, y sigues hasta antes de Pontevedra. Casualidad de las casualidades, "la tocaya de mis viejos" me aloja estos días en la calle Valladolid de Quito, frente al hostal Casa Valladolid.
Tras llegar, interminables conversaciones que me dejan días para pensar. Por suerte, mi amiga es guía turística y tendré forma de saber qué conocer y cómo.
Hoy pasé el día en interior, y satisfecho por ello, bien enriquecedor, largo para asimilar. Mañana conoceré Quito, y en los días siguientes, este "paisito" que contra todo pronóstico se me presenta inmenso, variadísimo, eso sí, con un transporte de muuuchas menos horas que los anteriores.
Estamos a 15 minutos de latitud sur.
No sé si estar pasando por ciudades que comparten nombre con otras de tu tierra te dará nostalgia, pero aquí ya nos empezamos a cansar de tu ausencia. Tengo muchísimas ganas de tenerte de vuelta y que me cuentes esas interminables conversaciones que te dejaron días para pensar, y qué pensaste.
ResponderEliminarUn beso,
Elisa.