domingo, 26 de junio de 2011

10 días en compañía y por la Patagonia pasan volando.

Corolario (por Alex)


Es curioso cómo los viajes nunca salen como los planeas. Uno podría desistir de la preparación y la planificación (no así de la recabación previa de datos) ante la experiencia de la inutilidad de todo intento provisorio.

Uno arriba a un pueblo de montaña, y está lluvioso, o uno sube a un avión, y lo llaman de la cabina y recorre una de las rutas aéreas más espectaculares del globo en primera plana. Uno siente que su viaje termina en Calafate, y resulta que volará al fin del mundo una vez más, para aterrizar en cabina oootra vez en Ushuaia entre una tormenta de nieve que daba una trepidante sensación de la Guerra de las Galaxias, y contemplar lo que uno puede de la geografía nocturna (ya tuvimos la recompensa diurna). Uno se queda sin plata, o a uno le sobre (que no suele ser el caso). Ha de recurrir al ingenio, a la "audacia, audacia y audacia" (C. Cienfuegos) y ante todo no olvidar dónde está. Lo valioso del viaje son dos cosas, porque el viaje es uno mismo, y el viaje es la interacción con el entorno. La reacción ante lo visto, acontecido, testificado, experimentado. Sin diálogo interior y sin aprendizaje personal, el viaje queda vacío. Tiene que haber un progreso, un avance, ese aprendizaje que tiende a la convicción de una mente abierta y libre de prejuicios, pues para eso sirve el viaje, gran aspirina de los prejuicios y tópicos, positivos y negativos.

Pero ante todo, el verdadero viaje culmina o sirve a un fin, más allá de la formación personal, cuando nos entregamos al paisaje y a su sociedad. Discurrir entre las gentes y la naturaleza sin sentirse parte de ella no tiene sentido. ¿Cuánto tiempo habría de pasar para que nos sintiéramos parte del lugar? ¿Para que tratáramos de igual a igual a las personas locales, cuidáramos la infraestructura, el entorno natural, y lo sintiéramos como un hogar? ¿Más del que pudiéramos soportar, quizás?

La gran lacra de los viajes, hoy en día entendidos así por la sociedad occidental, es el hedonismo. La búsqueda del placer propio, que dicen los diccionarios. El discurrir por los lugares, con o sin admiración por lo presenciado, pero buscando el disfrute. El problema es que en la sociedad de consumo a la que hemos llegado, el disfrute sólo se entiende de una cierta manera. Pero el verdadero disfrute no es aquel que te hace sentir placer físico, ni siquiera tiene por qué ser aquel que te da dolor en la boca de tanto reír o sonreir. Precisamente, la clave del viaje es que la idiosincrasia local del disfrute es un elemento cultural más, que también cambia según la situación y las condiciones locales.

Hemos de readaptar el gozo y ese nuevo "placer" a los modos locales, a la psicología de masas, a la empatía con los pueblos, lejanos o no, diferentes en lo que difieran, e iguales en la condición humana.
Es por ello que el verdadero viajar ha de tener una utilidad en su fin último. Ese carpe diem que todos los forasteros sentimos sólo existe en ese instante y se disuelve en la eternidad si no reaccionamos ante lo vivido. Si no nos indignamos. Si no nos comprometemos.

Somos parte de este mundo tanto como este mundo es parte de nosotros.

Diarios de Darwinito: día 8: aproximación al Fitz Roy, y regreso a Buenos Aires

5 de Mayo, se podría decir que el día de ayer fue bastante tranquilo, aunque la auténtica realidad, es que nuestras piernas aún se resienten de la “carrera”. Hoy partimos hacia Buenos Aires, el avión despega a las 6 de la tarde y nos hemos despertado pronto para aprovechar el día al completo. Amanece despejado y apacible. El plan es recorrer la senda que sube hasta la laguna del Fitz, bajar a prisa y agarrar a Darwinito hasta el Calafate, devolver el coche y embarcar de vuelta a la costa Este del País. Lo cierto es que es un poco arriesgado, pues cualquier demora ya sea en la excursión o en el viaje en carretera supondría perder el vuelo y las consecuencias que esto arrastra.
                        
Salimos, buen ritmo y fuertes. La ruta abraza una pequeña loma por su lado Este, y tras una hora y media de caminata acelerada, llegamos al hermoso mirador del Fitz Roy, se muestra imponente y majestuoso en la claridad del día. Unas nubes deshilachadas a sotavento de la montaña nos dan una pista de lo intenso que debe ser el viento un poco más arriba. Subimos, bajamos…el camino es suave pero con bastantes desniveles y cambios. Llegamos a una zona llana en la que el río se ha dispersado en numerosos arroyos, y de fondo, una hermosísima postal, el Fitz nos enseña cada vez una cara más bella y a la vez temible.



Parece que hemos alcanzado uno de los puntos clave del tramo, un cartel avisa algo así como: “solo para expertos y con buen material, no recomendado a personas con problemas cardiovasculares, respiratorios...”. Es el último empujón, la inclinada subida hasta la “Laguna de los Tres”, allá nos situaremos en la base del Fitz, algo que creedme si digo que no se pude hacer todos los días.

Comenzamos el ascenso, una senda difícil de seguir aún estando marcada por unas estacas amarillas. Caminamos con mucha precaución y despacio, pues esta noche se ha formado cantidad de hielo y la subida es bastante delicada, por el camino baja un riachuelo congelado. Nos preocupa la vuelta, bajar este camino de piedras y hielo puede ser “un marrón”.


Acercándonos al gigante.


La nieve va sustituyendo lentamente al hielo y en un abrir y cerrar de ojos andamos hundiendo nuestras botas de trecking bajo una profunda capa blanca, empezando a notar cómo el agua fría empapa nuestros calcetines. Estamos próximos al final de la loma, pero será en lo alto, en el cambio de pendiente, donde el viento comenzará a soplar de una manera huracanada, arrastrando nieve a gran velocidad. Joder!!!! La que nos está cayendo, hay una fuerte ventisca que nos impide avanzar, la nieve casi agujerea nuestros rostros, qué fuerza!!!

Lo más cerca que lo tuvimos.




(Alex) Esta es, para mí, la mejor foto que tomé de Pablo aquellos días. Muestra lo alcanzado, que no fue poco, y las condiciones duras allí arriba, así como el esfuerzo físico y mental para llegar al destino marcado. Por último, también muestra la recompensa final que tienen gran parte de los ascensos.



 Nos refugiamos detrás de una roca y, a voces tomamos la decisión de dar la vuelta, el viento es demasiado intenso y apenas nos permite dar los últimos pasos hasta la Laguna, que ya se intuye unos metros más allá. Un par de fotos e iniciamos el descenso, con el viento en la espalda, empujando tanto que no miento si digo que parece que vamos a echar a volar de un momento a otro. Ya a resguardo de la tempestad, nos aguarda la bajada, bajada que al final no resultará ser tan compleja  ni tan resbaladiza. El hielo se ha derretido en su mayoría y nos da la posibilidad de bajar “tranquilos”, y lo escribo entre comillas porque cabría hablar de algún resbalón con su correspondiente ostiaca!! Jejeje.

Durante la bajada, nos cruzamos con nuestras amigas americanas, que no es por chulear, pero habían comenzado la misma ruta que nosotros una hora antes, y si, estaban ahora comenzando la gran pala final, básicamente, les quedaba un huevo. Comemos unas piezas de fruta mientras charlamos con ellas y continuamos el viaje de vuelta.
Sin prisa pero sin pausa, Alex y yo no dejamos de hablar de mil temas diferentes e interesantes. Entre otras muchas que mi leído amigo Alex me cuenta, la historia del Che Guevara, una hora y pico de clase magistral que hace que el regreso se nos pase volando.



Ya en el pueblo, sólo queda tomar el auto y poner rumbo a El Calafate. Dejamos atrás muchas conversaciones, largas caminatas, paisajes de cuento y un sitio al que volver. Conduce Alex, rapidito, vamos cantando, alegres y desinhibidos, parece que nuestra aventura llega a su fin, y no existe duda de que cuerpo, mente y alma han sido renovados y están listos para ser devueltos a la abrumadora y atropellada rutina.


 


Queda llegar al aeropuerto y limpiar a Darwinito, que se asimila a una pocilga, comida, tierra, polvo, para todas estas cosas hay lugar en el pequeño coche. Entregamos el coche, nos odian, Alex habla del boludo este del coche, que va a flipar cuando lo vea, bla bla bla….y el tio va y se planta allí justo en mitad de los maravillosos comentarios de Alex, jajajajaj. Gran cagada, que risa!!

Hay muchísimo que contar, pero evitaré abordaros con tanta historia, decir que el vuelo de vuelta hace escala en Ushuaia (casualidades de la vida), que nos comemos, en mitad del aeropuerto un yogurt asqueroso de vainilla en una bolsa de plástico para no desperdiciarlo, y como no, que Alex y yo viajaremos en cabina, será un viaje precioso y tranquilo.

De nuevo en la Capital Federal, son las 12 de la madrugada pasadas y una larga cola nos aguarda hasta lograr tomar un taxi que nos llevará hasta la casa de Alex. El pelotudo cabezón se empeña en coger el dichoso colectivo a estas horas, con todas las maletas y el dinero encima, que cabrón, no se si lo hace para reírse de mi pero me ha roto las pelotas, y estoy para el arrastre tras el viaje.

Al llegar al piso, agotados cabrá el tomarse una cervecita con una de las compañeras de Alex, muy simpática.

Al fin una cama, o bueno, el suelo para mi. No te culpo Alex, ahora me toca a mi.
Descansamos, mañana día para Buenos Aires.


(Alex) Chaltén significa "montaña que echa humo" en la antigua lengua local (tehuelche). He aquí una muestra de ese hecho imperturbable que permanece por milenios.
Fitz Roy es simplemente el nombre el capitán inglés que alcanzó la zona en aquel convulso siglo XIX para la Patagonia americana. Moreno bautizaría el Chaltén con el nuevo nombre en honor al capitán. Ni que decir tiene que para mí es Chaltén.


Dulces sueños...ZZZZZZZzZZzzZZZ

sábado, 25 de junio de 2011

Diarios de Darwinito: día 7: mal tiempo y Laguna Torre

Con diferencia, la noche que mejor dormimos Pablo y yo fue esta, junto con la de Ushuaia. Tras 4 días de ruta sin parar, sin baños, duchas, colchones ni mantas no techo, un hostal con calefacción y sábanas nos recarga las pilas, incluso tras el agotador día de ascenso a la montaña que ayer tuvimos.

Pero el viento de anoche vaticinaba un cambio de tiempo, además de amenazar con volcar a Darwinito, que descansa por dos días tras la paliza de 1500 km que le hemos metido en estos días. En efecto, amanece nublado, muy ventoso y chispeando. Por supuesto, los picos no se ven. No va a ser un día para hacer esa excursión de once horas que habíamos planeado. No va a haber vistas lindas, ni tampoco será agradable el senderismo con lluvia en la cara y humedad que se te mete por los huesos.

Así que decidimos ir al mencionado punto de información del senderista, super bien documentado, con guardas con experiencia y amables que dan muy buenos consejos, además de facilitarte coordenadas y pronóstico del tiempo. Allí nos confirman el mal estado ambiental para el día de hoy, pero que "por ahí a partir de mediodía zafa...". Recorremos el edificio por dentro, la historia de los ascensos a El Chaltén, y sus intentos frustrados, y nos ponen una película de una hora sobre los hermanos Pou (que Pablo ya había visto): dos hermanos de Euskadi, referentes de la escalada mundial, que igual que otros picos, se sientieron desafiados por El Chaltén. Lo intentaron cuatro veces en su primera estancia aquí. No consiguieron coronar la cumbre. Tuvieron que regresar a la Argentina años más tarde, en verano, para conseguirlo finalmente. Además en el vídeo salía una chocolatería de este pueblito regentada por vascos, que tenía una pinta deliciosa, pero que no pudimos encontrar...una pena.


El caso es que, cansados de no hacer nada, habíamos ido antes de la peli a conocer el salto de agua situado a 3 km. del pueblito, por aquello de hacer algo. Lindo de ver, bastantes metros de caída, pero tras ver estos paisajes en los últimos días (o haber estado en Iguazú diez días atrás), la impresión, tristemente cierto, no es la misma. Nos bajamos unos "gordos" sandwiches de salame de no sé qué, bajamos el hambre pero yo sigo con las galletas.


Tras la peli nos confirman que el tiempo no va a empeorar, así que nos decidimos por la excursión de la laguna Torre, a los pies del cerro Torre, que no se verá. Son 4 horas por trayecto, y son las 2.30 de la tarde...pero como somos unos hombretones, nos ponemos a ello, tarde como siempre. Le metemos pilas...y ascendemos por el norte del pueblito adentrándonos en los bosques, entre senderos. Todos los senderistas que nos cruzamos están regresando...en 4 horas será de noche, pero vamos con ritmo fuerte!
Eso sí, a veces hay que recargar las pilas, y nos hemos propuesto una velocidad de caminar alta. El agua sigue siendo potable, y nosotros seguimos siendo animales, ¿o no?

Hacemos el trayecto en dos horas y media, y tras un acusado cambio de rasante se descubre, rodeado de montañas y caídas, la espectacular laguna Torre, con su glaciar en el otro extremo, y el invisible cerro Torre que lo corona allá arriba, al otro lado de la laguna. Hemos llegado pelados de tiempo y no podemos entretenernos mucho.

- 5 ó  10 minutos para descansar y contemplar, y partimos!
- Dale (bueno, y también: porqué no seguimos hacia esa ladera... Nah, ni en pedo, nos quedaríamos perdidos)

Entonces nos quedamos relajados, y bajo hasta la orilla de la laguna. El silencio es sepulcral, estamos en un pronunciado valle, rodeado de picos, estamos escondidos entre olas y pequeños icebergs, y el glaciar de enfrente se muestra imponente y esconde detrás el campo de hielo que recorre esa patagonia transandina de sur a norte. Hop, hop, y en unos saltos estoy sobre rocas rodeado de agua. Yo siempre con esa curiosidad de adentrar más.

Entonces Pablo, que había quedado atrás sin yo saber qué hacía, me sorprende y me toma la que podría ser la mejor foto del viaje, en exceso sobrecogedora y que expresa muy bien lo especial, inmenso, vacío y silencioso del lugar...

(Al día siguiente, yo le haría a él una foto de tamaña calidad, como recompensa)


Seguimos dándole a las fotos, poco antes de irnos, y la verdad que no hay mucho que decir. Seguimos el silencio de este lugar, permanecemos atónitos mirando, costumbre ya adquirida durante este viaje.



Ahora te toca a vos, Pablo, salir.





Acá el glaciar, modesto comparado con otros, pero es el tercero que veo en mi vida y en 2 días!


También es estable, avanza y cae el frente, despide pequeños glaciares que van flotando hasta la orilla opuesta. Hace un frío intenso y húmedo, y nosotros vamos perdiendo el calor del caminar, nos quedamos fríos.



Yo no podía irme sin probar a agarrar y levantar uno de esos, que realmente sí que pesan (y están muy muy fríos...sí, ya sé que lo parecen, y que soy un boludo).






Se nos va a hacer de noche antes de alcanzar El Chaltén de vuelta, y tenemos que partir. Son las 17 horas. Vamos MUY justos. Durante el regreso, que serían esas cuatro horas, no hablamos casi nada. Le metemos más pilas aún, el camino de vuelta puede no ser nada lindo de noche. Y no hablamos y sí corremos, durante una buena porción de la vuelta. Ya estamos "chivando" como chanchos pero es lo que hay, y es un buen ejercicio, además de porque nos lo merecemos porque se nos hizo tarde. Avanzamos tan rápido que en algún momento si nos tropezamos nos matamos, pero venimos muy entrenados de situaciones parecidas y corremos con mucha agilidad, hasta que vemos que nos quedan unos 30 minutos de caminar, tras haber corrido una hora... (pero no era una ruta para hacer en cuatro horas!?)

Vale, no nos queda nada, ¡pero cada vez vemos menos! Un momento de tensión fue, tras el tercer conejo divisado (siempre por piloto ojo de águila) el cuarto pareció más grandote, por no decir un puma, era casi de noche y no había nadie en un par de kilómetros. Apretá el culito y caminá, que sea lo que sea. "Quizás fuera un conejo", buscamos pensar a los minutos...

Nos confundimos de camino al llegar, y entramos a El Chaltén por otra senda, pero por lo menos ya se ven luces. Hemos corrido una barbaridad y transpirado más.

- ¿Alguna vez te han salvado la vida?

Pues con esas temáticas entramos en el pueblo más o menos por donde salimos, compramos lo justo de provisiones para esa noche, y llegamos al hostal. Eso sí, cordialmente le pido la mochila a Pablo, porque pesa...pero no! se la pido para aparentar que la llevé yo todo el viaje, no te jode!

Pasta, puré de patatas a lo gordo, dos cervezas tostadas y dos yankees para conversar de lo poco interesante que se puede. La griega pa ti, yo mañana conoceré al amor de mi vida con la excusa del árabe, así que, para qué esforzarse.

Nos subimos a charlar con más gente, un yankee-japo, el chabón fueguino de ayer, y dos catalanes que nada nos aportan. El murciano arruga en cuanto las gringas se van al catre, aunque es verdad que estábamos agotados. Por alguna razón yo me quedo dos horas charlando en lunfardo, inglés y si acaso catalán, pero nada de castellano español. Nos bajamos las cervezas, friego los platos y toca despedirse. Mañana quizás haga buen tiempo, podamos ir a la laguna de los Tres, el mirador del Fitz Roy, quién sabe si ascender hacia él. Ah, y mañana a la tarde tomamos un largo vuelo, primero de retroceso, hasta Buenos Aires.

Llego a la habitación y con sumo respeto, ordeno y me meto a sobar. Pablo ya duerme hace rato y bajo nosotros, en las literas, dos tipas que ni conocemos, ni conoceremos, sólo sus mochilas, sus caras y sus ronquidos en la oscuridad...

miércoles, 22 de junio de 2011

Diarios de Darwinito: día 6: Llegando a El Chaltén

Aunque hemos situado la carpa junto a Darwinito, el viento no dio tregua y la noche ha sido extremamente ruidosa, incluso llegué a pensar que se trataba de un puñado de conejos abalanzándose sobre la tienda, no es broma!!. Finalmente, parece que nuestros cuerpos comienzan a habituarse a este sospechoso concepto de "descanso".

Primero yo, y al rato Alex, abandonamos el interior de nuestra cálida estancia y ponemos motores en marcha. Cruzamos al otro lado de la carretera, donde da el sol, desayunamos una serie de productos "típicos" de la zona de los glaciares, batido de chocolate y unas galletas!. 
Prosigue nuestra ruta, rumbo Norte, a la izquierda el inmenso Lago Argentino, y al frente ya se avista de lejos una serie de picos afilados, los que vendrán a ser, para mi, uno de los destinos más deseados de nuestra aventura. Sí, nos espera El Chaltén, que significa montaña humeante para aquellos que antiguamente descubrieron estas tierras tan hostiles. A las faldas del cerro Fitz Roy, un reducido poblado, dedicado casi exclusivamente a excursionistas y montañeros de todas partes del mundo.
La provincia de Santa Cruz se extiende ante nosotros, el viento, para variar, sopla con mucha fuerza y el cielo está tan despejado y azul, que nos transmite una alegría y unas ganas bárbaras de llegar. Aún distan 70 km al poblado, pero desde aquí la panorámica del Lago Viedma, los cerros al fondo, montañas nevadas por las que descienden glaciares, que tan espectacularmente mueren en el lago. 




A estas alturas del viaje, la Gorda y yo hemos establecido una agradable confianza, pasamos horas charlando y nos divertimos como niños mientras Darwinito "se come" la Patagonia.
Nos acercamos, la vista es cada vez más extremecedora, cada kilómetro que avanzamos, desvela una nueva perspectiva. Estoy emocionado!!.




- Alex, conduce tú por favor, quiero mirar fuera. Aún sigo convencido de que si hubiera habido una sola curva en estos apasionantes 70km, nos habríamos salido de la calzada, pués he pasado mirando el paisaje todo el trayecto.





Empiezo a desesperar a la Gorda, "Alex, para aquí un momento", "hazme una foto aquí", "tio para de nuevo acá", " hazme una foto con MI cámara"...jajaja. Debo hablar de una de las discusiones más estupidas del viaje. Cada vez que hay un lugar bonito para hacer una foto, aunque Alex saque su cámara y haga la foto, siempre le digo que volvamos a hacerla con mi cámara. Al pobre le estoy rompiendo las pelotas, no entiende por qué tengo que hacer todas las fotos con mi cámara, aunque ya estén hechas con la suya... En fin, ni yo lo se, pero supongo que se trata de una de esas manías que debe soportar aquel que se atreva a viajar a mi lado. Lo siento Alex, ¡qué paciencia la tuya!



La aproximación al pueblo está siendo bellísima, tanto que no dejamos de dar voces de admiración e incredibilidad.



Llegamos, ansiamos el echar a andar y recorrer este lugar, pero primero hacemos una pequeña parada en el centro de información del pueblo. Uno de los guardas del parque nos deleita con estupendas explicaciones y consejos acerca de qué hacer y qué ver. El hombre ha sido verdaderamente agradable con nosotros, no es complicado comprender que se trata de un loco enamorado de este hermoso lugar. Antes de partir, visitamos una riquísima panadería donde compramos unas empanadas y pan para preparar los bocadillos.




Por fin nos organizamos y seleccionamos la que será una de las excursiones más intensas y gratificantes de nuestro paso por la Patagonia. Hemos planeado subir a la "Loma del Pliegue Tumbado",  una pedregosa montaña de unos 1490 m, y desde la que se avistarán las dos joyas de la corona, los trepidantes y afilados cerros Fitz Roy y Torre. La excursión comienza en la entrada del pueblo, junto a la caseta de visitantes, el Fitz Roy se impone sobre el Chalten y el cielo azul se apodera del día. Comenzamos a andar, una camino estrecho que cruza hermosos riachuelos surcados por camuflados troncos de madera que en ningún momento entorpecen el curso de la naturaleza del lugar. Los senderos están verdaderamente cuidados, las aguas de los arrollos son potables y el respeto por la madre naturaleza se respira profundamente. Tras 1 hora de travesía ya tenemos una bellísima postal de la cordillera al completo. Pero esto va a más, la vegetación varía conforme ascendemos e incluso cruzamos un misterioso bosque de árboles secos y ramas sueltas.


Abandonamos el bosque, a Alex le ha dado tiempo hasta para marcarse un satisfactorio "pica" (hay fotos de esto que por algún motivo no vamos a mostrar!!!).



El suelo ahora es seco y bien frío, nos depara una pedrera con un desnivel considerable hasta la cima. En nuestra retina, Laguna Torre, glaciares, escalofriantes cerros imposibles, el Lago Viedma, las zonas más bajas, las más áridas y amarillentas....hay todo un mundo en frente nuestra, estamos en paz, solos, caminando cuesta arriba, hundiendo los pies en la ladera pedregosa, qué fortuna la nuestra que podemos vivir y empaparnos de este lugar, qué suerte.


La cima, un abrazo y mucha alegría, no hemos completado una difícil ascensión, no hemos llevado nuestras fuerzas hasta los límites, pero hemos llegado a un lugar difícil de describir, y apreciamos mucho este momento. Alex, hazme otra vez la foto con MI cámara porfavor!!jajajaja, hijo de puuuuuuta!.



Vista de los cerros Torre (izquierda, 3000 msnm) y Chaltén (o Fitz Roy, derecha, 3100 msnm) desde la Loma del Pliegue Tumbado. Bajo los picos, la Laguna Torre, con su glaciar.


El ascenso mereció mucho la pena.

Cerro Torre (3071 msnm)



en la cima...

Foto hacie el norte: cadena montañosa hacia El Chaltén.

Lago Viedma. El glaciar Viedma queda tras el monte de la derecha. 80 km más allá, está el Lago Argentino y los glaciares Upsala, Perito Moreno, etc.






El viento helado del Oeste soplará hasta que no comencemos el descenso. Se está haciendo tarde y en una hora habrá caído la noche, decidimos comer los bodillos resguardados del viento, y comenzamos la bajada a buen ritmo. El anochecer es tranquilo, sin viento ni frío, los cerros ahora son temibles sombras negras que contrastan con el azul oscuro del cielo.




Ya en el pueblo, solo queda encontrar un lugar donde dormir, y es que hoy nos vamos a duchar, vamos a cenar calientes y a dormir sobre un colchón. Encontramos un amable albergue en el que reponer fuerzas para el día siguiente. Qué gusto!!.
Durante la cena conocemos a un buen chaval que se convertirá en nuestro mejor coleguita del Chaltén, es un chico de Buenos Aires que trabaja en Ushuaia como guía de excursiones. Está aprovechando la temporada baja para realizar un largo viaje por Argentina y Chile. Acompañamos una tendida e interesante charla con un par de cervezas típica argentinas, se está en la gloria.

A eso de las 11 y media de la noche me despido y me meto en la cama, ya soñando con la próxima aventura.