Aunque hemos situado la carpa junto a Darwinito, el viento no dio tregua y la noche ha sido extremamente ruidosa, incluso llegué a pensar que se trataba de un puñado de conejos abalanzándose sobre la tienda, no es broma!!. Finalmente, parece que nuestros cuerpos comienzan a habituarse a este sospechoso concepto de "descanso".
Primero yo, y al rato Alex, abandonamos el interior de nuestra cálida estancia y ponemos motores en marcha. Cruzamos al otro lado de la carretera, donde da el sol, desayunamos una serie de productos "típicos" de la zona de los glaciares, batido de chocolate y unas galletas!.
Prosigue nuestra ruta, rumbo Norte, a la izquierda el inmenso Lago Argentino, y al frente ya se avista de lejos una serie de picos afilados, los que vendrán a ser, para mi, uno de los destinos más deseados de nuestra aventura. Sí, nos espera El Chaltén, que significa montaña humeante para aquellos que antiguamente descubrieron estas tierras tan hostiles. A las faldas del cerro Fitz Roy, un reducido poblado, dedicado casi exclusivamente a excursionistas y montañeros de todas partes del mundo.
La provincia de Santa Cruz se extiende ante nosotros, el viento, para variar, sopla con mucha fuerza y el cielo está tan despejado y azul, que nos transmite una alegría y unas ganas bárbaras de llegar. Aún distan 70 km al poblado, pero desde aquí la panorámica del Lago Viedma, los cerros al fondo, montañas nevadas por las que descienden glaciares, que tan espectacularmente mueren en el lago.
A estas alturas del viaje, la Gorda y yo hemos establecido una agradable confianza, pasamos horas charlando y nos divertimos como niños mientras Darwinito "se come" la Patagonia.
Nos acercamos, la vista es cada vez más extremecedora, cada kilómetro que avanzamos, desvela una nueva perspectiva. Estoy emocionado!!.
- Alex, conduce tú por favor, quiero mirar fuera. Aún sigo convencido de que si hubiera habido una sola curva en estos apasionantes 70km, nos habríamos salido de la calzada, pués he pasado mirando el paisaje todo el trayecto.
Empiezo a desesperar a la Gorda, "Alex, para aquí un momento", "hazme una foto aquí", "tio para de nuevo acá", " hazme una foto con MI cámara"...jajaja. Debo hablar de una de las discusiones más estupidas del viaje. Cada vez que hay un lugar bonito para hacer una foto, aunque Alex saque su cámara y haga la foto, siempre le digo que volvamos a hacerla con mi cámara. Al pobre le estoy rompiendo las pelotas, no entiende por qué tengo que hacer todas las fotos con mi cámara, aunque ya estén hechas con la suya... En fin, ni yo lo se, pero supongo que se trata de una de esas manías que debe soportar aquel que se atreva a viajar a mi lado. Lo siento Alex, ¡qué paciencia la tuya!
La aproximación al pueblo está siendo bellísima, tanto que no dejamos de dar voces de admiración e incredibilidad.
Llegamos, ansiamos el echar a andar y recorrer este lugar, pero primero hacemos una pequeña parada en el centro de información del pueblo. Uno de los guardas del parque nos deleita con estupendas explicaciones y consejos acerca de qué hacer y qué ver. El hombre ha sido verdaderamente agradable con nosotros, no es complicado comprender que se trata de un loco enamorado de este hermoso lugar. Antes de partir, visitamos una riquísima panadería donde compramos unas empanadas y pan para preparar los bocadillos.
Por fin nos organizamos y seleccionamos la que será una de las excursiones más intensas y gratificantes de nuestro paso por la Patagonia. Hemos planeado subir a la "Loma del Pliegue Tumbado", una pedregosa montaña de unos 1490 m, y desde la que se avistarán las dos joyas de la corona, los trepidantes y afilados cerros Fitz Roy y Torre. La excursión comienza en la entrada del pueblo, junto a la caseta de visitantes, el Fitz Roy se impone sobre el Chalten y el cielo azul se apodera del día. Comenzamos a andar, una camino estrecho que cruza hermosos riachuelos surcados por camuflados troncos de madera que en ningún momento entorpecen el curso de la naturaleza del lugar. Los senderos están verdaderamente cuidados, las aguas de los arrollos son potables y el respeto por la madre naturaleza se respira profundamente. Tras 1 hora de travesía ya tenemos una bellísima postal de la cordillera al completo. Pero esto va a más, la vegetación varía conforme ascendemos e incluso cruzamos un misterioso bosque de árboles secos y ramas sueltas.
Abandonamos el bosque, a Alex le ha dado tiempo hasta para marcarse un satisfactorio "pica" (hay fotos de esto que por algún motivo no vamos a mostrar!!!).
Abandonamos el bosque, a Alex le ha dado tiempo hasta para marcarse un satisfactorio "pica" (hay fotos de esto que por algún motivo no vamos a mostrar!!!).
El suelo ahora es seco y bien frío, nos depara una pedrera con un desnivel considerable hasta la cima. En nuestra retina, Laguna Torre, glaciares, escalofriantes cerros imposibles, el Lago Viedma, las zonas más bajas, las más áridas y amarillentas....hay todo un mundo en frente nuestra, estamos en paz, solos, caminando cuesta arriba, hundiendo los pies en la ladera pedregosa, qué fortuna la nuestra que podemos vivir y empaparnos de este lugar, qué suerte.
La cima, un abrazo y mucha alegría, no hemos completado una difícil ascensión, no hemos llevado nuestras fuerzas hasta los límites, pero hemos llegado a un lugar difícil de describir, y apreciamos mucho este momento. Alex, hazme otra vez la foto con MI cámara porfavor!!jajajaja, hijo de puuuuuuta!.
Vista de los cerros Torre (izquierda, 3000 msnm) y Chaltén (o Fitz Roy, derecha, 3100 msnm) desde la Loma del Pliegue Tumbado. Bajo los picos, la Laguna Torre, con su glaciar.
El ascenso mereció mucho la pena.
Cerro Torre (3071 msnm)
Lago Viedma. El glaciar Viedma queda tras el monte de la derecha. 80 km más allá, está el Lago Argentino y los glaciares Upsala, Perito Moreno, etc.






El viento helado del Oeste soplará hasta que no comencemos el descenso. Se está haciendo tarde y en una hora habrá caído la noche, decidimos comer los bodillos resguardados del viento, y comenzamos la bajada a buen ritmo. El anochecer es tranquilo, sin viento ni frío, los cerros ahora son temibles sombras negras que contrastan con el azul oscuro del cielo.
Ya en el pueblo, solo queda encontrar un lugar donde dormir, y es que hoy nos vamos a duchar, vamos a cenar calientes y a dormir sobre un colchón. Encontramos un amable albergue en el que reponer fuerzas para el día siguiente. Qué gusto!!.
Durante la cena conocemos a un buen chaval que se convertirá en nuestro mejor coleguita del Chaltén, es un chico de Buenos Aires que trabaja en Ushuaia como guía de excursiones. Está aprovechando la temporada baja para realizar un largo viaje por Argentina y Chile. Acompañamos una tendida e interesante charla con un par de cervezas típica argentinas, se está en la gloria.
A eso de las 11 y media de la noche me despido y me meto en la cama, ya soñando con la próxima aventura.
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