domingo, 26 de junio de 2011

Diarios de Darwinito: día 8: aproximación al Fitz Roy, y regreso a Buenos Aires

5 de Mayo, se podría decir que el día de ayer fue bastante tranquilo, aunque la auténtica realidad, es que nuestras piernas aún se resienten de la “carrera”. Hoy partimos hacia Buenos Aires, el avión despega a las 6 de la tarde y nos hemos despertado pronto para aprovechar el día al completo. Amanece despejado y apacible. El plan es recorrer la senda que sube hasta la laguna del Fitz, bajar a prisa y agarrar a Darwinito hasta el Calafate, devolver el coche y embarcar de vuelta a la costa Este del País. Lo cierto es que es un poco arriesgado, pues cualquier demora ya sea en la excursión o en el viaje en carretera supondría perder el vuelo y las consecuencias que esto arrastra.
                        
Salimos, buen ritmo y fuertes. La ruta abraza una pequeña loma por su lado Este, y tras una hora y media de caminata acelerada, llegamos al hermoso mirador del Fitz Roy, se muestra imponente y majestuoso en la claridad del día. Unas nubes deshilachadas a sotavento de la montaña nos dan una pista de lo intenso que debe ser el viento un poco más arriba. Subimos, bajamos…el camino es suave pero con bastantes desniveles y cambios. Llegamos a una zona llana en la que el río se ha dispersado en numerosos arroyos, y de fondo, una hermosísima postal, el Fitz nos enseña cada vez una cara más bella y a la vez temible.



Parece que hemos alcanzado uno de los puntos clave del tramo, un cartel avisa algo así como: “solo para expertos y con buen material, no recomendado a personas con problemas cardiovasculares, respiratorios...”. Es el último empujón, la inclinada subida hasta la “Laguna de los Tres”, allá nos situaremos en la base del Fitz, algo que creedme si digo que no se pude hacer todos los días.

Comenzamos el ascenso, una senda difícil de seguir aún estando marcada por unas estacas amarillas. Caminamos con mucha precaución y despacio, pues esta noche se ha formado cantidad de hielo y la subida es bastante delicada, por el camino baja un riachuelo congelado. Nos preocupa la vuelta, bajar este camino de piedras y hielo puede ser “un marrón”.


Acercándonos al gigante.


La nieve va sustituyendo lentamente al hielo y en un abrir y cerrar de ojos andamos hundiendo nuestras botas de trecking bajo una profunda capa blanca, empezando a notar cómo el agua fría empapa nuestros calcetines. Estamos próximos al final de la loma, pero será en lo alto, en el cambio de pendiente, donde el viento comenzará a soplar de una manera huracanada, arrastrando nieve a gran velocidad. Joder!!!! La que nos está cayendo, hay una fuerte ventisca que nos impide avanzar, la nieve casi agujerea nuestros rostros, qué fuerza!!!

Lo más cerca que lo tuvimos.




(Alex) Esta es, para mí, la mejor foto que tomé de Pablo aquellos días. Muestra lo alcanzado, que no fue poco, y las condiciones duras allí arriba, así como el esfuerzo físico y mental para llegar al destino marcado. Por último, también muestra la recompensa final que tienen gran parte de los ascensos.



 Nos refugiamos detrás de una roca y, a voces tomamos la decisión de dar la vuelta, el viento es demasiado intenso y apenas nos permite dar los últimos pasos hasta la Laguna, que ya se intuye unos metros más allá. Un par de fotos e iniciamos el descenso, con el viento en la espalda, empujando tanto que no miento si digo que parece que vamos a echar a volar de un momento a otro. Ya a resguardo de la tempestad, nos aguarda la bajada, bajada que al final no resultará ser tan compleja  ni tan resbaladiza. El hielo se ha derretido en su mayoría y nos da la posibilidad de bajar “tranquilos”, y lo escribo entre comillas porque cabría hablar de algún resbalón con su correspondiente ostiaca!! Jejeje.

Durante la bajada, nos cruzamos con nuestras amigas americanas, que no es por chulear, pero habían comenzado la misma ruta que nosotros una hora antes, y si, estaban ahora comenzando la gran pala final, básicamente, les quedaba un huevo. Comemos unas piezas de fruta mientras charlamos con ellas y continuamos el viaje de vuelta.
Sin prisa pero sin pausa, Alex y yo no dejamos de hablar de mil temas diferentes e interesantes. Entre otras muchas que mi leído amigo Alex me cuenta, la historia del Che Guevara, una hora y pico de clase magistral que hace que el regreso se nos pase volando.



Ya en el pueblo, sólo queda tomar el auto y poner rumbo a El Calafate. Dejamos atrás muchas conversaciones, largas caminatas, paisajes de cuento y un sitio al que volver. Conduce Alex, rapidito, vamos cantando, alegres y desinhibidos, parece que nuestra aventura llega a su fin, y no existe duda de que cuerpo, mente y alma han sido renovados y están listos para ser devueltos a la abrumadora y atropellada rutina.


 


Queda llegar al aeropuerto y limpiar a Darwinito, que se asimila a una pocilga, comida, tierra, polvo, para todas estas cosas hay lugar en el pequeño coche. Entregamos el coche, nos odian, Alex habla del boludo este del coche, que va a flipar cuando lo vea, bla bla bla….y el tio va y se planta allí justo en mitad de los maravillosos comentarios de Alex, jajajajaj. Gran cagada, que risa!!

Hay muchísimo que contar, pero evitaré abordaros con tanta historia, decir que el vuelo de vuelta hace escala en Ushuaia (casualidades de la vida), que nos comemos, en mitad del aeropuerto un yogurt asqueroso de vainilla en una bolsa de plástico para no desperdiciarlo, y como no, que Alex y yo viajaremos en cabina, será un viaje precioso y tranquilo.

De nuevo en la Capital Federal, son las 12 de la madrugada pasadas y una larga cola nos aguarda hasta lograr tomar un taxi que nos llevará hasta la casa de Alex. El pelotudo cabezón se empeña en coger el dichoso colectivo a estas horas, con todas las maletas y el dinero encima, que cabrón, no se si lo hace para reírse de mi pero me ha roto las pelotas, y estoy para el arrastre tras el viaje.

Al llegar al piso, agotados cabrá el tomarse una cervecita con una de las compañeras de Alex, muy simpática.

Al fin una cama, o bueno, el suelo para mi. No te culpo Alex, ahora me toca a mi.
Descansamos, mañana día para Buenos Aires.


(Alex) Chaltén significa "montaña que echa humo" en la antigua lengua local (tehuelche). He aquí una muestra de ese hecho imperturbable que permanece por milenios.
Fitz Roy es simplemente el nombre el capitán inglés que alcanzó la zona en aquel convulso siglo XIX para la Patagonia americana. Moreno bautizaría el Chaltén con el nuevo nombre en honor al capitán. Ni que decir tiene que para mí es Chaltén.


Dulces sueños...ZZZZZZZzZZzzZZZ

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